
El operativo del diálogo político ya parece historia vieja. Es tal la profundidad de la crisis en curso que esa arquitectura de consenso, ideada para tratar de garantizar una “transición ordenada”, está lejos de ver la luz. En vez de “agenda de acuerdo parlamentario”, hubo disputa por los superpoderes y los K se llevaron ese round. En lugar de “pacto social”, las patronales pujan por su porción de la torta, y la burocracia sindical, sumida en una furibunda crisis, pilotea un mar de conflictos donde muchas veces es obligada a ponerse a la cabeza de reclamos salariales. Y más allá de no renunciar a la necesaria (para los de arriba) reforma política, los principales proyectos opositores que se postulan como alternativas están naufragando entre duras peleas internas.
Tan es así que los K, casi sin capital político, sueñan con retomar la iniciativa reflotando el doble discurso, lanzando un plan social mentiroso y hasta jugando de populares con el “fútbol para todos”. La reaparición del patriarca Néstor diciendo “dialogar no es conceder” es todo un símbolo. Si toma aire prestado es por la debilidad de una oposición que no logra capitalizar los votos-castigo que les prestaron amplias franjas populares. Esa oposición es un reciclaje de lo viejo y ante el derrumbe del modelo de los Kirchner busca salidas por derecha.
El proyecto “panradical” se debate entre las peleas de Carrió con Stolbizer, un Cobos anodino y el remozado Alfonsín, que no avanza más allá de la portación de apellido. Ni siquiera podrán aprovechar el haber sumado legisladores, ya que se dividen en varios bloques.Y el Pro-peronismo está de nuevo al borde del estallido, con el exabrupto de Reuteman y un campeonato de postulaciones presidenciales que empezó por Das Neves, siguió por De Narváez y recrudeció con el acto de lanzamiento de Solá. Sin olvidar a Macri, que aACnda con poco tiempo para esos debates por los líos que tiene en la Ciudad. Esto demuestra que la crisis del PJ está lejísimo de ser el simple trámite de encontrar un liderazgo que sustituya al de Néstor.La centroizquierda de Proyecto Sur (Solanas) y Nuevo Encuentro (Sabatella), frente al debate de los superpoderes, quedó en evidente off side. Luego de negociar el apoyo al proyecto de los Kirchner, terminaron divididos entre el voto a favor del oficialismo y una abstención de última hora. Mostraron así que, pese a haber recibido un apoyo electoral porteño contra el gobierno, no levantan una alternativa independiente.
La crisis económica, la derrota del proyecto K y la ausencia de un recambio en condiciones de gobernar son un cóctel explosivo que preocupa a los sectores más serios del establishment. Éstos ven un horizonte con la gobernabilidad comprometida y los fantasmas de un nuevo Argentinazo. Sobre todo porque, en este marco de endeblez política y conflicto social, no les queda otra que atacar cada vez más a los trabajadores y al pueblo con más ajustes.
El escenario de creciente conflictividad anticipa lo que se viene. Las crisis provinciales, en un marco de anemia financiera donde peligra hasta el pago de salarios estatales, están a la orden del día. En la Patagonia, los petroleros le torcieron el brazo a los K y los estatales avanzan en sus reclamos por salario. En el NOA, con la huelga heroica de la salud tucumana, también avanza la pelea de los estatales. Y en todo el país la pelea estatal se recalienta, con cinco provincias con huelga docente, los trabajadores de la salud confluyendo en una lucha nacional, los judiciales con medidas y un paro nacional de ATE. Terrabussi acaba de ganar un round. Mahle, que pelea por su fuente de trabajo, salió a bloquear plantas. Metalúrgicos y Sanidad vienen de fuertes paros nacionales. Esto alienta peleas en otros gremios, que arrancan aumentos de salario cuando patronales y gobierno intentaron convencerlos de meter violín en bolsa y “cuidar la fuente de trabajo”.La caldera se recalienta y plantea un primer desafío para los luchadores. Ante el agravamiento de la crisis se impone la necesidad no sólo de organizarse por lugar para desarrollar la pelea y sumar solidaridad con los conflictos, sino de reclamar un paro y un plan de lucha nacional a las centrales sindicales -CGT y CTA-, que miran hacia las mieles del poder y no hacia las necesidades de sus bases.
Pero hay otro desafío no menos urgente que el de las luchas. Ante el fracaso del proyecto K y la trampa de esa oposición que no es salida, se necesita ir construyendo una nueva alternativa de izquierda amplia y unitaria, con propuestas anticapitalistas para la emergencia económica y social, por una Asamblea Constituyente donde el pueblo debata y decida, y por un nuevo modelo socialista de país. Desde el MST estamos trabajando cada día en fábricas, escuelas, barrios y universidades, aportando a la construcción de este proyecto. Y queremos convocar a todos los compañeros y compañeras con quienes compartimos las luchas cotidianas a construir juntos esa alternativa que hace falta.
Tan es así que los K, casi sin capital político, sueñan con retomar la iniciativa reflotando el doble discurso, lanzando un plan social mentiroso y hasta jugando de populares con el “fútbol para todos”. La reaparición del patriarca Néstor diciendo “dialogar no es conceder” es todo un símbolo. Si toma aire prestado es por la debilidad de una oposición que no logra capitalizar los votos-castigo que les prestaron amplias franjas populares. Esa oposición es un reciclaje de lo viejo y ante el derrumbe del modelo de los Kirchner busca salidas por derecha.
El proyecto “panradical” se debate entre las peleas de Carrió con Stolbizer, un Cobos anodino y el remozado Alfonsín, que no avanza más allá de la portación de apellido. Ni siquiera podrán aprovechar el haber sumado legisladores, ya que se dividen en varios bloques.Y el Pro-peronismo está de nuevo al borde del estallido, con el exabrupto de Reuteman y un campeonato de postulaciones presidenciales que empezó por Das Neves, siguió por De Narváez y recrudeció con el acto de lanzamiento de Solá. Sin olvidar a Macri, que aACnda con poco tiempo para esos debates por los líos que tiene en la Ciudad. Esto demuestra que la crisis del PJ está lejísimo de ser el simple trámite de encontrar un liderazgo que sustituya al de Néstor.La centroizquierda de Proyecto Sur (Solanas) y Nuevo Encuentro (Sabatella), frente al debate de los superpoderes, quedó en evidente off side. Luego de negociar el apoyo al proyecto de los Kirchner, terminaron divididos entre el voto a favor del oficialismo y una abstención de última hora. Mostraron así que, pese a haber recibido un apoyo electoral porteño contra el gobierno, no levantan una alternativa independiente.
La crisis económica, la derrota del proyecto K y la ausencia de un recambio en condiciones de gobernar son un cóctel explosivo que preocupa a los sectores más serios del establishment. Éstos ven un horizonte con la gobernabilidad comprometida y los fantasmas de un nuevo Argentinazo. Sobre todo porque, en este marco de endeblez política y conflicto social, no les queda otra que atacar cada vez más a los trabajadores y al pueblo con más ajustes.
El escenario de creciente conflictividad anticipa lo que se viene. Las crisis provinciales, en un marco de anemia financiera donde peligra hasta el pago de salarios estatales, están a la orden del día. En la Patagonia, los petroleros le torcieron el brazo a los K y los estatales avanzan en sus reclamos por salario. En el NOA, con la huelga heroica de la salud tucumana, también avanza la pelea de los estatales. Y en todo el país la pelea estatal se recalienta, con cinco provincias con huelga docente, los trabajadores de la salud confluyendo en una lucha nacional, los judiciales con medidas y un paro nacional de ATE. Terrabussi acaba de ganar un round. Mahle, que pelea por su fuente de trabajo, salió a bloquear plantas. Metalúrgicos y Sanidad vienen de fuertes paros nacionales. Esto alienta peleas en otros gremios, que arrancan aumentos de salario cuando patronales y gobierno intentaron convencerlos de meter violín en bolsa y “cuidar la fuente de trabajo”.La caldera se recalienta y plantea un primer desafío para los luchadores. Ante el agravamiento de la crisis se impone la necesidad no sólo de organizarse por lugar para desarrollar la pelea y sumar solidaridad con los conflictos, sino de reclamar un paro y un plan de lucha nacional a las centrales sindicales -CGT y CTA-, que miran hacia las mieles del poder y no hacia las necesidades de sus bases.
Pero hay otro desafío no menos urgente que el de las luchas. Ante el fracaso del proyecto K y la trampa de esa oposición que no es salida, se necesita ir construyendo una nueva alternativa de izquierda amplia y unitaria, con propuestas anticapitalistas para la emergencia económica y social, por una Asamblea Constituyente donde el pueblo debata y decida, y por un nuevo modelo socialista de país. Desde el MST estamos trabajando cada día en fábricas, escuelas, barrios y universidades, aportando a la construcción de este proyecto. Y queremos convocar a todos los compañeros y compañeras con quienes compartimos las luchas cotidianas a construir juntos esa alternativa que hace falta.
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