
El debate por los superpoderes está al rojo vivo. De un lado la oposición del Pro/PJ disidente y el panradicalismo cierran filas para votar en contra: pretenden que esas decisiones (retenciones incluidas) se cocinen en el Congreso. Del otro, los K. en una febril carrera para sumar voluntades y mantener el control de las facultades delegadas, tienen un aliado: los sectores de centroizquierda. Teníamos razón cuando alertamos que eran una “colectora K”.
Por Guillermo Pacagnini
Los conciliábulos del diálogo político se han centrado en la última semana en la llamada “agenda parlamentaria”. No significa que las transas del Consejo Económico y Social, la ronda con los partidos por la reforma política y las negociaciones con los gobernadores -más allá de los bemoles que presentan por las pujas derivadas de la crisis y las duras internas en la oposición y las corporaciones- hayan sido dejadas de lado. Ocurre que el 24/8 vencen casi mil leyes referidas a las facultades delegadas al Poder Ejecutivo, es decir los superpoderes. Que se vienen prorrogando desde 1999. Y el debilitado gobierno de los K necesita con urgencia lograr su prórroga por un año para responder al acelerado vaciamiento de las arcas fiscales. Los K, lejos de los tiempos de soberbia y mayoría automática, necesitan negociar, antes de seguir sufriendo fugas de diputados y licuación de poder. Por ello enviaron un proyecto que concede algunas cuestiones. Como modificar la ley de Administración Financiera, que faculta al jefe de Gabinete a reestructurar las partidas, para que en el próximo ejercicio las reasignaciones “no superen el 5% del total del presupuesto”. Claro que la mayoría de las reasignaciones se hicieron por decretos de necesidad y urgencia, por lo cual no habría un cambio sustancial.
¿Por qué tanto alboroto? Es que la disputa central alrededor de los superpoderes está en la facultad para fijar las retenciones a las exportaciones agropecuarias. Donde la oposición de derecha del PJ disidente y el Acuerdo Cívico y Social con la Mesa de Enlace pretende desplazar esa decisión al lobby parlamentario para avanzar en rebajar primero y anular luego las retenciones y el gobierno quiere seguir utilizando esos dineros para hacer caja. Nada de consultar al pueblo y menos de distribuir esos dineros para las urgencias populares.
Aliados del gobierno
“Vamos a llegar con la lengua afuera”, declaró un diputado K. En el raid de juntar votos, esta vez no le alcanza con aliados como el MPN de Neuquén. Los cañones estuvieron puestos en los diputados de la centroizquierda, un aliado de lujo que le permitiría arrimar el bochín. Es así que lograron juntar en un solo bloque a todo el arco “progresista”. En una misma mesa están los K del Encuentro Popular (Ariel Basteiro, ex -funcionario K y colega del vicejefe de gabinete y Cecilia Merchán de Libres del Sur del sector de Sabatella); Solidaridad e Igualdad (SI) de Macaluse, los diputados disidentes del ARI de Tierra del Fuego (amigos de la CTA); Claudio Lozano, de CTA/Proyecto Sur (Pino Solanas) y hasta Vilma Ibarra (hermana de Aníbal) y Miguel Bonasso (Diálogo por Buenos Aires).
¿Qué negocian con el gobierno? Su propuesta es que en lugar de un año, se prorroguen los superpoderes por 6 meses y que “la continuidad de la legislación no se de en forma masiva”, es decir, le piden a los K que no sean tan “abusivos”. Lozano fue claro en que el poder lo debe tener Cristina: "la facultad de fijar retenciones sí debe quedar en manos del Poder Ejecutivo". Y, olvidándose de sus posiciones a favor de la segmentación remató "Más que tocar las retenciones impulsaría la creación de un Fondo de Financiación Agropecuaria…” Por eso Crítica no exageró al titular el 4/8: “CFK ganó a Lozano como aliado”. Más allá del resultado final de esta negociación en curso, lo más lamentable es que los sectores de Proyecto Sur que hicieron campaña y capitalizaron con un 24% de los votos en la Capital un amplio sector que está contra el gobierno, se junten con diputados “K críticos” para cederle lisa y llanamente al oficialismo. Como antes lo hicieron con las nacionalizaciones truchas de Aerolíneas y las AFJP, terminan dándole los votos que necesitan los Kirchner para mantener los superpoderes y la caja política.
Por una política independiente y un mecanismo democrático
En la campaña electoral dijimos que la centroizquierda no servía para enfrentar a los K. y su modelo y a la oposición de derecha. Que, como sucedió otras veces, sus planteos de medias tintas terminan siendo funcionales al gobierno y a la vieja política. Que, más allá de las distintas variantes, se terminan juntando y negociando. Que en la campaña hacen críticas y discursos electorales prometiendo una nueva política y terminan como colectoras del kirchnerismo y votando las leyes del gobierno. No nos equivocamos.En estas claras señales está la explicación de por qué se han negado a confluir con la izquierda en un nuevo proyecto de cambio y persisten en esta remanida receta de centroizquierda. Dándole la espalda a todo un sector de la población que los votó aspirando a un proyecto verdadero de cambio. Proyecto Sur debería romper con ese bloque de amigos de los K. y proponer un proyecto alternativo, planteando un mecanismo democrático de consulta al pueblo (como la Asamblea Constituyente que figura en su programa) sin caer en la trampa del diálogo con los K o los enjuagues del Congreso. Y la necesidad de retenciones segmentadas para que paguen más los que más tienen. Llamando junto con la CTA a movilizar en apoyo a ese proyecto, que es la única manera de lograr que una posición alternativa e independiente pueda ser viable.
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