6 de noviembre de 2008

INSEGURIDAD: LA CONSTRUCCION DE UN NUEVO ENEMIGO

Por Marcelo Parrilli

El delito golpea a miles de personas y frente a él los trabajadores, asalariados y sectores medios, se encuentran desprotegidos. La indignación contra los autores de robos, hurtos y muertes, es generalizada. Esta semana una mujer fue asesinada en Florencio Varela para robarle una indemnización que acababa de cobrar en un banco. El temor a ser robado o muerto corre como un reguero de pólvora. Desde todos los sectores sociales se pide “seguridad”.
Aprovechando este reclamo, el gobierno, los privilegiados del modelo económico neoliberal, y los sectores más reaccionarios de la derecha, acompañados por numerosos medios de prensa, desarrollan su estrategia: fortalecer el aparato represivo del Estado. Quieren modificar el Código Penal aumentando las penas, más todavía que lo que las aumentaron las leyes “Blumberg”; bajar la edad de imputabilidad de los menores; reformar los códigos de procedimiento para impedir o limitar las excarcelaciones; construir más cárceles; dar a la policía facultades para detener e interrogar; incrementar la cantidad de policías, de patrulleros, de helicópteros, etc..
Buscan perfeccionar la maquinaria represiva para aumentar el control social y tener una herramienta aceitada para dirigirla, según la ocasión, contra todo tipo de protesta social, sindical o política.En los ‘70 los militares y la derecha aplicaron la doctrina de la seguridad nacional y definieron como “enemigo” público al “delincuente terrorista”. Ahora, vencidos ya en el terreno político por la larga lucha en materia de derechos humanos, construyen un nuevo “enemigo” y desarrollan una nueva doctrina.
Así, la doctrina de la “seguridad nacional” es reemplazada por la de la “seguridad individual” y el nuevo “enemigo” es el “delincuente social”.Por eso la única propuesta para el problema del delito es la represión y la represión en manos del aparato del Estado y de jueces y policías corruptos. Esto no es nuevo, ya en el pasado hemos visto a personajes como el ex comisario Luis Abelardo Patti, conocido públicamente por estar acusado de cometer delitos y no por esclarecerlos o Aldo Rico, fugaz ex Ministro de Seguridad de Ruckauf, renunciante en medio de críticas por su ineficiencia y corrupción, dando “soluciones” al problema de la seguridad. Sus soluciones son simples y siniestras: gatillo fácil, cárcel y tortura.
Cristina y Néstor Kirchner igual que la derecha
Por su lado, los políticos tradicionales también proponen como única alternativa para terminar con los robos y las muertes, más “mano dura”. A los ya nefastos personajes de la derecha cuyos nuevos emergentes son Scioli en la provincia de Buenos Aires y Macri en la Ciudad de Buenos Aires, se suman ahora nada menos que Cristina y Néstor Kirchner. Los dos han salido estos últimos días a defender a la policía frente a los jueces llamados “garantistas”. A ellos se ha sumado su pollo dilecto en la Corte Suprema, y actual presidente de ese tribunal, el juez Ricardo Lorenzetti. Efectivamente, Lorenzetti, igual que sus jefes, salió a presionar a los jueces de las instancias inferiores para que no otorguen libertades ni excarcelaciones. Los representantes del “gobierno de los derechos humanos” se suman así a la política de represión que propone la derecha. El propio Raúl Zaffaroni, el único especialista en derecho penal que tiene la Corte en la actualidad, salió a contestarle a Lorenzetti señalando que el problema de la delincuencia es consecuencia directa del desastre económico y social que vive nuestro país.
Las verdaderas causas del delito y la solución de fondo
Frente a la “mano dura” (ineficiente y destinada a la represión social) del gobierno y sus “asociados”, hay que levantar una alternativa. La represión solamente ataca los efectos, y los efectos más marginales de la falta de seguridad. La represión “disminuye” el delito reprimiendo a los autores de hechos delictivos menores ignorando, deliberadamente, las causas que originan la delincuencia. Se plantea, falsamente, que los delitos son consecuencia de fallas personales, falta de voluntad para trabajar, “malas compañías”, etc... La pobreza extrema, la marginalidad, la falta de trabajo, la droga comercializada por los grandes grupos de poder y totalmente funcional al sistema y la falta de toda esperanza en los jóvenes para poder trabajar, estudiar y desarrollarse como seres humanos no son considerados como elementos fundamentales en la génesis del delito. Solo atacando las causas que generan la delincuencia se reduce el delito.Los delitos aumentan por el modelo político, económico y social de pauperización implementado por la dictadura militar y continuado y profundizado luego por Menem, De la Rúa, Duhalde y este gobierno. En resumen, con exclusión social no puede haber seguridad para los trabajadores y el pueblo.Marcelo Bergman, sociólogo de la Universidad de Oregón, EE.UU., analizando el incremento de la delincuencia y la violencia dice: “Nuestro país ha atravesado en los últimos años grandes transformaciones sociales, dos de las cuales tienen incidencia directa en el aumento del delito: el desempleo y el consumo de drogas.
La delincuencia es preponderante entre jóvenes varones. De acuerdo con el INDEC, el desempleo en el Gran Buenos Aires para varones entre 15 y 19 años se cuadruplicó en 10 años del 10,4% en mayo de 1987 al 40,4 % en 1997; es decir, 4 de cada 10 jóvenes varones que hoy buscan trabajo no lo encuentran. Esto es crucial en zonas de mayor pobreza donde la tasa es aún mayor. (...)Mientras que en 1987 cerca de 100.000 jóvenes entre 15 y 24 años estaban desempleados, hoy lo están 330.000. Si se estima que el 5% de los desocupados se dedica a la actividad delictiva (una cifra muy conservadora) en 1987 habría cerca de 5.000 delincuentes debido a la desocupación en el GBA y hoy, más de 16.000. No es casualidad entonces que la gente perciba más delitos, tal como lo señalan las encuestas…”.
Para cambiar, Bergman propone: “...invertir en escuelas, crear centros de cuidado infantil y un sinfín de programas para crecimiento de jóvenes sanos, ‘que tengan algo que perder’ con la delincuencia”, y señala que en los lugares en donde se ha observado una disminución de la delincuencia se da, entre otras medidas, como elemento sustancial, una etapa de mejoría económica y de efectiva reducción del desempleo. En definitiva, la solución de fondo pasa por implementar un plan económico que tenga en cuenta las necesidades elementales de los trabajadores y de los sectores asalariados y medios, que garantice el pleno empleo y el acceso a la educación, la salud y la vivienda y permita a los millones que hoy quedan marginados desarrollarse como personas en un marco de igualdad y solidaridad social.

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