¿Dónde está y cómo es el periodista militante de nuestros días?
La característica central del periodista militante tiene que ver con esto de ser protagonista de la lucha y no solamente mero testigo. Ésa es la cuestión que define. Desde qué lado estás trabajando y sobre la reversibilidad de tu propia acción o práctica.
El periodista militante es acción y reflexión todo el tiempo, además es protagonista de las propias luchas y puede dejar su rol de periodista que es un rol del colectivo al cual el periodista pertenece, por cualquier otro rol que se necesita. Porque es muy fácil ser un periodista militante y contar grandes batallas mientras son otros los que ponen el cuerpo. El tema de poner el cuerpo es muy importante. Mi función tiene que estar vinculada a una decisión colectiva y no a una individual. Si bien hay cuestiones específicas que tienen que ver con el trabajo periodístico no hay que olvidarse de la idea de intelectual de Gramsci, donde dice que todos los hombres y mujeres son intelectuales, lo que pasa es que en las sociedades sólo hay algunos tienen esa función. Esto abre la posibilidad de que muchos puedan asumir esa función.¿Cuáles son los modelos en la historia que tienen los medios alternativos y el periodista militante?
Entre los modelos que a mí me fueron guiando en el tiempo, uno es Rodolfo Walsh, si se quiere como uno de los más integrales. También el cine militante de la década del setenta me parece que es un modelo que está muy presente también en muchas de las prácticas, en Raymundo Gleyzer sobre todo, pero también pensando en el primer Cine de Liberación. Me parece que a las radios mineras bolivianas también hay que prestarles mucha atención, como radios que eran parte de la organización sindical minera. También los distintos medios de las experiencias políticas revolucionarias, estoy pensando en las radios guerrilleras salvadoreñas, o en la Radio Rebelde cubana. Son experiencias que están pivoteando en estas prácticas. Más para atrás: el “pasquinismo sedicioso” como se le decía a las papeletas que aparecían pegadas en la Buenos Aires colonial, llamando a la independencia. Ése también es un modelo a seguir. Mucho de Bolívar y de Mariano Moreno también me parece que tiene que aparecer.
¿Cuáles son los errores de aquellos antecesores que se deben evitar?El tono pedagógico de muchos medios de los setenta me parece que se va corrigiendo, por ejemplo. Esa voz en off que nos contaba cómo había que ir viendo la película, prácticamente no aparece en los medios alternativos, y cuando aparece, lo hace como una cuestión más vinculada al autor. Por otro lado, la cuestión de pensar en que lo alternativo tiene que ser aburrido, pero también Walsh nos enseña que lo alternativo no tiene por qué ser aburrido. Hay muchas enseñanzas y errores.
Jairo Straccia
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