25 de noviembre de 2008

EL "NEGRO" ROBLES: UNA VIDA DE BATALLAS


El 9 de noviembre falleció Luis “Negro” Robles Urquiza. Un día más tarde tuvo el homenaje que se merecía. En este momento recuerdo muchas anécdotas y también sé que hay muchas que he olvidado, porque su vida estuvo signada por diferentes batallas, que siempre enfrentó.
El Negro comenzó a militar en el ’58. Su hermano César le había acercado los primeros periódicos. Siendo jóvenes militantes aprendimos a hablarle al movimiento obrero peronista de aquella época. En este momento me viene a la memoria el rol del Negro en la construcción del equipo de la carne, de Berisso. Él trabajaba en el frigorífico Swift, donde fue delegado. Desde allí impulsó el boletín “El activista de la carne”, que dio origen a la Lista Gris que se opuso a la burocracia. En aquel trabajo tomó forma lo que muchos llamaron “la táctica PST”, que significaba, ni más ni menos, la proletarización de los compañeros universitarios. Él fue uno de los compañeros que me ayudó a abrazar como propia a la clase obrera, aunque no haya nacido en su seno. En Berisso aprendimos a escuchar a los obreros mientras comíamos en las fondas de la calle Nueva York frente a los frigoríficos. Y de ellos aprendimos a discutir muy fuerte, diciéndonos permanentemente lo que pensábamos aunque doliera. Más tarde tuvimos que enfrentar vientos desfavorables. Yo partí a realizar el trabajo internacional y él fue designado apoderado del PST. Discusiones acaloradas en tiempos convulsionados marcaron idas y vueltas en nuestro camino militante. Nos reencontramos contándole la historia de nuestro PST a un grupo de jóvenes del MST, que la plasmaría en el libro “Rastros en el Silencio”.
En aquel momento intentábamos homenajear a los compañeros que ya no estaban, a los que resistieron a los tormentos de la cárcel y la tortura y a los que, como él, sobrevivieron a la dictadura dándole pelea. El Negro continuaba peleando contra la impunidad que rodeaba el asesinato feroz de su hermano y su cuñada en manos de la Triple A. Después, coincidimos seguido en el espacio de Nueva Izquierda que intentamos conformar, sabiendo que es necesaria una alternativa política de izquierda en la Argentina.
Creo que Rastros de alguna forma fue un homenaje en vida para él y para quienes participamos del libro. Por eso, quiero terminar este homenaje con sus propias palabras que, de una u otra manera, conforman la tradición de nuestra corriente, que él mismo ayudo a forjar. En las siguientes palabras, el Negro describió como militábamos en los años de plomo, reflejando el espíritu que lo caracterizó.…“Tenías que tener un minuto conspirativo. Yo una vez me encontré en Plaza Italia con un compañero de Rosario. Entonces, antes de sentarnos, discutimos cuál era el minuto: ‘Bueno, vos sos de Rosario y trabajás en la misma empresa que yo -en ese momento trabajaba en Burrog- y venís a hablar conmigo porque soy el jefe de la empresa de acá de Buenos Aires’. Cayó la policía y empezó a ir mesa por mesa, hasta que llegó a la nuestra. Ahí nos separaron y nos preguntaron a él y a mí, quiénes éramos y qué hacíamos. Los dos dijimos todo perfecto y entonces nos dejaron tranquilos.
Cuando íbamos por la calle teníamos que ir en sentido contrario al tránsito para evitar que nos agarraran de atrás. Porque así, si paraba un auto tenías tiempo de verlo y de salir corriendo. Tampoco podíamos ir a ningún bar del centro de la Capital Federal. Entonces, íbamos a bares de hoteles. Y así muchísimas medidas de seguridad. Teníamos que ser muy rigurosos. Teníamos una cita, y se esperaban 15 minutos. Al que no llegaba en ese tiempo, lo dábamos por perdido. Eso era casi militar. Uno sabía que si faltaba a una cita se comenzaba a levantar todo el entorno que conocías. En la superficie se milita como siempre, sólo que con más cuidado. Todos vivíamos clandestinamente. Mi hermano no conocía mi casa, yo tengo otros hijos que tampoco la conocían. Nadie la conocía, a pesar de que militaba en la superficie. Yo iba al estudio de Broquen, eso era suficiente para estar quemado. No había grandes diferencias, salvo que teníamos mucho cuidado: no íbamos al cine del centro. Hacíamos una vida distinta, no llevábamos papeles encima, ni direcciones, nada de nada. Después, militar, militábamos como siempre.
”Querido Negro, la tarea que emprendiste hace más de 30 años desde aquel fatídico noviembre en que la Triple A nos robó a César, no queda inconcluso. Públicamente me comprometo junto a todos los militantes del MST a seguir peleando contra la impunidad como lo hiciste cada día de tu vida. ¡Hasta el socialismo siempre!
Mario Doglio

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