2 de noviembre de 2008

FAVORECER LA PEQUEÑA Y MEDIANA PRODUCCION AGRARIA

La caída brutal de los precios de las materias primas en el mercado internacional, sumada a una política gubernamental que, favoreciendo a los grandes, está lejos de tener una política agropecuaria integral que enfrente la crisis y lo único que realmente le interesa es hacer caja para pagar la deuda, ha llevado a discusiones importantes entre los productores agropecuarios.Algunos chacareros confundidos han sostenido que una devaluación sería una medida eficaz para devolverle competitividad a sus producciones.
Otros vivos, como Biolcati de la Sociedad Rural, han aprovechado el descontento para reclamar la eliminación completa y para todos (también para los grandes) de las retenciones. En el medio, algunos productores han señalado que las retenciones deberían ser suplantadas por el impuesto a las ganancias para que el impuesto sea coparticipable y tributen más lo que más tienen. Estas salidas nos parecen equivocadas y solo favorecerían a los grandes capitalistas del campo en contra de los pequeños y de toda la población.La devaluación en manos de estos gobiernos es baja de salarios; la eliminación completa de las retenciones es favorecer a los grandes capitalistas del campo cómplices con los Kirchner de la crisis actual y suplantarlas por el impuesto a las ganancias es algo parecido, ya que este gobierno permite una gran evasión impositiva de los capitalistas, mientras castiga a la población con el IVA.
Una salida para la pequeña y mediana producción empieza de la mano de las retenciones diferenciadas, regionalizadas y cooparticipables, que fue la gran consigna de la Federación Agraria y se puso con fuerza en este nuevo conflicto. O sea, muy pocos impuestos para los chicos y muchos para los grandes, los pools y los fondos fiduciarios. Pero además hace falta revertir la actual rentabilidad del agro, que perjudica a los productores en beneficio de los grandes formadores de precios y agroexportadoras. Hay que nacionalizar el Comercio Exterior, al servicio de tener una política agropecuaria que a la par de desarrollar la pequeña producción en el campo, garantice las necesidades alimentarias de la población. Con esta medida no solo se terminaría con cientos de millones de dólares de evasión por el manejo de los diferentes montos de retención, sino que se eliminarían también las maniobras de sobre y subfacturación.
Es necesaria una verdadera política de control de precios, y no la del farsante Moreno, que lo único que controla (o más bien dibuja) es el índice de inflación. El control debe estar a cargo de las organizaciones populares y debe centrarse en los grandes formadores de precios: los supermercados, las grandes cerealeras, los frigoríficos y concentradores del negocio de la leche, entre otras. El control no solo debe evitar que suban los precios, sino revertir sus grandes márgenes de rentabilidad a favor de la pequeña y mediana producción.
Finalmente, hay que ir dando pasos hacia una reforma agraria integral, que partiendo de aprobar una nueva Ley de Arrendamientos, vaya creando las condiciones para recolonizar el campo, favoreciendo la instalación de familias productoras en desmedro del gran pool arrendatario o el terrateniente y su modelo de desierto verde. Pequeños y medianos productores a los que el Estado debe favorecer con acceso al crédito barato, los insumos y la tecnología, jugando un rol activo para asociarlos, y que de esta manera puedan competir y superar la producción a escala de los grandes capitalistas.La grave crisis mundial que atravesamos, cruzada por los negocios de la timba financiera, plantea más que nunca la necesidad de una reforma agropecuaria integral, basada en el aliento a los pequeños y medianos productores. Modelo que solo podrá realizarse si éstos funden su lucha con la de los trabajadores y demás sectores populares, por un modelo de país al servicio de las mayorías populares.

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