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| Juan Carlos Dima |
Después de diciembre de 2001 conocí la película La mayor estafa al pueblo argentino -del director Diego Musiak- y la causa Olmos1, cuyo dictamen del año 2000 reconoce más de 400 actos ilícitos y declara “ilegítima y fraudulenta” la deuda externa. Así abrí los ojos a un tema inconcebible para el ciudadano común: gran parte de la supuesta deuda externa había sido fraguada, contraída irregularmente o producida por pases de deuda privada a deuda pública.
Comencé a difundir la película, organizar debates y desentrañar más aspectos de la deuda. Pero creí necesario hacer algo más institucional. Entonces me aboqué a reunir personalidades para impulsar una Comisión Nacional Investigadora de la Deuda Externa (Conadex) que, al estilo de la Conadep, investigara las maniobras que entre 1976 y 1983 multiplicaron por ocho la deuda, la cual siguió aumentando durante los gobiernos subsiguientes hasta superar los 200 mil millones de dólares en diciembre de 2001.
Así conformamos un grupo de expertos y en diciembre de 2003, a seis meses de asumido Néstor Kirchner, presentamos el proyecto en la Casa Rosada2. A poco nos informan que habían girado el trámite al Ministerio de Economía, el mismo que debía ser investigado. Aun así accedimos a ir a una reunión con el Secretario de Finanzas, Dr. Guillermo Nielsen. Como poco antes él había planteado en el Foro de Dubai un plan para reestructurar la deuda con quita, creímos que quizás veía nuestra propuesta como un camino. Al fin no nos atendió él sino un asesor, y como único resultado devolvieron el expediente a Casa de Gobierno.
Vuelta al inicio, me citó el Director de Programas de Gobierno, Dr. Ojea Quintana, cuarto en la línea de gobierno desde Néstor K. “Tenga en cuenta que nosotros tenemos el gobierno, pero el poder sigue en las mismas manos”, se atajó. Dijo conocer la causa Olmos, pero advirtió que “Néstor no habla de ilicitud de la deuda”. Y sugirió una “investigación” tipo estudio histórico. Como lo nuestro iba en serio, le planteé sus tres alternativas: que quisieran investigar con nosotros, o con su gente, o no investigar. Su respuesta fue hábil: “Te olvidás una cuarta posibilidad: no te contesto y te burocratizo el expediente…”