10 de abril de 2009

¿A DONDE VA EL PAIS?


Los Kirchner intentaron aprovechar el golpe de efecto del adelantamiento electoral para recuperar la iniciativa política. Mientras Cristina partió a la reunión del G-20 para reposicionarse ante los dueños del mundo (y mendigar, de paso, ayuda financiera), su marido comenzó a instalar su probable candidatura bonaerense, para tratar de inyectar algún entusiasmo en las alicaídas filas del oficialismo. Apelando a la vieja muletilla de “Nosotros o el caos” -típica de los gobiernos en crisis que juegan su última carta- y aprovechando el notorio perfil de derecha de los frentes “opositores” de Carrió -UCR y PJ disidente, pretenden retomar el barniz progresista para disputar la provincia de Buenos Aires raspando el fondo de la otrora pletórica caja fiscal para repartir beneficios a intendentes y punteros bonaerenses y de esa manera salvarse de la hecatombe.Sin embargo, pese a esos esfuerzos por reciclar la ya oxidada maquinaria del doble discurso, la realidad muestra una perspectiva diferente a los deseos de la decadente monarquía de los K.
Porque la bronca con el gobierno crece y preanuncia paliza colosal en los principales distritos del país. Y las encuestas bonaerenses, coto de caza al que se juegan los K. para dar la batalla final, demuestran que aunque el propio Kirchner encabece las listas no es garantía de victoria. Por ello buscan personajes presuntamente potables para poblar las listas como Scioli o el mismísimo Antonio Cafiero. Hasta el clima que rodeó la muerte de Alfonsín fue una expresión del odio popular al kirchnerismo.
Porque el modelo económico sigue haciendo aguas, con indicadores recesivos, inflación y un ya alto costo social que va a crecer mucho más pues la onda expansiva de la crisis internacional todavía no mostró lo peor. La receta del G-20 no incluyó ayuda financiera para la Argentina y todos coinciden en que el segundo semestre del año la situación se agravará cualitativamente. Ya que deben triplicar los pagos de deuda externa, el dólar va por el ascensor, no tiene techo y los fantasmas del descontrol son crecientes. Es un secreto a voces que la caída de la recaudación efectiva multiplicará el ajuste de los presupuestos públicos nacionales y provinciales con dificultades para el pago no sólo del aguinaldo de mitad de año sino de los próximos salarios y el fantasma del pago en bonos es una posibilidad cierta. Y los despidos en el sector privado que ya castigan pueden llegar a más de un millón. Mientras nuevos tarifazos se vienen en el marco de una agenda cargada de medidas contra el pueblo. La pobreza que ya se enseñoreó en las barriadas populares, se prepara para pegar un salto inimaginable.
Porque la protesta social va en aumento. El mes de marzo ha sido sin duda el más conflictivo triplicando la cantidad de luchas del mes anterior y quintuplicando la del mes de enero, de la mano de una gran rebelión docente, pero también con conflictos en otras áreas del estado, la salud y decenas de empresas, por salario y en defensa de las fuentes de trabajo. Sin solución a la contienda con los chacareros y con expresiones de reclamos en los barrios por la inseguridad, los tarifazos y la pobreza.
Esta negra perspectiva es la que ha atemorizado y obligado al gobierno y al establishment a actuar preventivamente adelantando las elecciones. No sólo para tratar de llegar en mejores condiciones para cuando se agrave la crisis. Sino por la necesidad de apuntalar la gobernabilidad y poder aplicar un severo y mayor ajuste. Sabiendo que ello va a significar un agravamiento también del conflicto social en las fábricas, los barrios y las calles y aspiran a enfrentarlo en mejores condiciones políticas.
Si el gobierno logra ganar en Buenos Aires, sería seguramente una victoria pírrica. Porque aunque quiera aprovechar ese aire de corto aliento para reposicionarse, el vendaval de la crisis que se viene y sus tremendas consecuencias sociales no van a permitir ningún clima de fiesta en la Rosada. Y si pierde la crisis política y económica puede acelerarse y estar planteada una salida anticipada del gobierno. Porque los demonios de un nuevo argentinazo volverán a desatarse en un pueblo que está cansado de que le metan la mano en el bolsillo y que tiene un capital de lucha y organización acumulado de la experiencia del 2001 que va a volver con mucha más fuerza.
En ese sentido los luchadores no solamente tenemos la tarea de apoyar los reclamos en curso mirando en esa perspectiva y previendo ese desenlace. También tenemos planteada una batalla inmediata. Postular con fuerza en esta campaña electoral en cada barrio, empresa, escuela, universidad, una opción que apunte a poner en pie un nuevo proyecto de izquierda amplio y con propuestas anticapitalistas para enfrentar la crisis y proponer un nuevo modelo de país, como el que impulsamos desde el MST. Llamando a votar a Vilma Ripoll y todos los candidatos del MST/Nueva Izquierda, para que los trabajadores tengan una alternativa a la trampa que significa castigar a los K. votando a los falsos opositores. Para lograr bancas al servicio de las luchas y reclamos. Pero también para fortalecer la construcción de esa Nueva Izquierda en la perspectiva del nuevo argentinazo al que más temprano que tarde se encamina el país.

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