EN 1947, UNA RESOLUCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS QUITÓ A LOS PALESTINOS ELDERECHO A TENER UNA PATRIA
El israelí se jacta ante el mundo de ser el máximo representante en lahistoria de la Diáspora… Pero quien posee en tal grado el sentimiento deldestierro, llega a ser completamente incapaz de comprender que otros puedantener ese mismo sentimiento. No es cruel que digamos que el comportamientode los israelíes sionistas con el pueblo original de Palestina es similar ala persecución nazi contra los propios judíos. (Mahmud Darwis, poetapalestino).
El mandato británico sobre Palestina después de la primera guerra mundialpermitió cumplir con la promesa, contenida en la declaración de Balfour de1917, de establecer un “hogar nacional” judío en un territorio poblado porlos árabes. Para el sionismo el Mandato era una etapa intermedia, necesariaantes de establecer una población propia en Palestina como base del EstadoJudío, objetivo permanente detrás de la fachada del “hogar nacional”.
Gran Bretaña favoreció ese proyecto hasta que la inminencia de la segundaguerra mundial le hizo ver que el riesgo de que los pueblos árabes sealinearan junto a Alemania. Las falsas promesas de 1915 se renovaron en1939.
En mayo de ese año el gobierno británico publicó un Libro Blanco dondereafirmaba que no tenía el propósito de imponer la nacionalidad judía a losárabes palestinos, prometía limitar a 75.000 el número de inmigrantes en lospróximos cinco años y, a partir de 1944, no admitir nueva inmigración sin elconsentimiento explícito de los árabes.
El Libro Blanco fue un producto tardío e ineficaz del colonialismo ingles..En los primeros 20 años de Mandato la proporción de habitantes judíos enPalestina pasó del 10 al 30%. Solamente en 1935 habían entrado más de 60.000colonos: en 1940 la población judía se acercaba al medio millón.
ACEITANDO EL FUSIL
Los jefes de la Agencia Judía concibieron desde el principio la inmigracióncomo una “colonización armada” y construyeron una organizaciónsemiclandestina, el Haganah, de la que en 1935 se separó un brote terroristade ultraderecha, el Irgun, cuyo lema era un mapa de Palestina yTransjordania atravesado por un brazo armado y un fusil con el lema hebreoRak Kach (“Sólo así”).
Inicialmente estas organizaciones se limitaron a asegurar mediante el terrorla vigencia del boycot antiárabe, pero a partir de 1939 empezaron aprepararse para combatir, también a los ingleses. Curiosamente uno de esospreparativos consistió en el ingreso masivo de judíos en el ejércitobritánico: al final de la segunda guerra su número llegaría a 27.000hombres, que serían el núcleo del ejército judío para la confrontación finalen dos tiempos: contra los ingleses y contra los árabes.
EL EMPUJÓN NAZI
El estallido de la guerra llevó a su paroxismo la persecución de los judíosen Alemania y brindó un nuevo argumento para la inmigración en Palestina.Ben Gurion resumió en estos términos el sentido y los límites de la alianzaentre el sionismo y Gran Bretaña: “Lucharemos junto a Gran Bretaña en estaguerra como si el Libro Blanco no existiera, y lucharemos contra el LibroBlanco como si no existiera la guerra”.
En la práctica esto significó desconocer las cláusulas restrictivas delLibro Blanco e intensificar la inmigración clandestina, aún desafiando elbloqueo inglés. Buques cargados de inmigrantes europeos fugitivos delnazismo empezaron a llegar a las playas palestinas. Cuando en 1940 losingleses pretendieron devolver el cargamento de dos de esos barcos, el buquePatria que debía transportarlos confinados a la isla Mauricio, saltó enpedazos en el puerto de Haifa. Allí murieron 250 personas, en su mayoríamujeres y niños. Aunque el sionismo alegó que los propios refugiados volaronel Patria, la opinión mundial se indignó ante la insensibilidad británica.Recién 18 años después un miembro del Comité de Acción Sionista, Rosenblum,reveló que el Patria había sido volado por la Haganah, sin consultar a lasvíctimas. “Con nuestras propias manos asesinamos a nuestros hijos”, escribióRosenblum.
LLEGAN LOS AMERICANOS
En 1942 el centro de gravedad del sionismo se había desplazado de GranBretaña a los Estados Unidos. El 11 de mayo de ese año la OrganizaciónSionista Americana publicó un manifiesto que luego fue conocido como elPrograma de Baltimore. Planteaba cuatro exigencias: el fin del Mandato, elreconocimiento de Palestina como Estado soberano judío, la creación de unejército judío, la formación de un gobierno judío.En Jerusalén, la Agencia Judía adoptó el Programa de Baltimore como políticaoficial del sionismo y se desligó del Mandato.
Gran Bretaña había cumplidosu ciclo. Iba a librar aún acciones de retaguardia, condenadas de antemano,pero dejaría en Medio Oriente –como en la India, como en Irlanda– la semillade un conflicto inagotable.Los norteamericanos tomaron el relevo de los ingleses y no lo abandonaronhasta hoy.Cuando en 1945 se desmoronó el nazismo y se abrieron las puertas de loscampos de concentración –las cámaras de gas, los patéticos restos de unainfinita carnicería–, un sentimiento de horror sacudió a Europa.Los europeos tienen una singular capacidad para proyectar los propiosdemonios a lejanos escenarios. Muchos franceses creen que las atrocidades deHitler son distintas de sus propios crímenes en Indochina y Argelia:ingleses que no han oído de Kenya se asustan de las persecuciones de Stalin,y algunos italianos están convencidos de que el fascismo nació en laArgentina.De acuerdo con este esquema, el exterminio de los judíos iba a ser purgadono en el lugar donde ocurrió, sino en Medio Oriente: no por quienes loejecutaron o lo permitieron sino por gente que no tenía nada que ver.El proyecto de un Estado Judío en Palestina se convirtió así en clamormundial y los dirigentes sionistas lo explotaron serenamente.
Los 225.000sobrevivientes de los campos de concentración fueron canalizados a Palestinaaumentando una población que ya al fin de la guerra ascendía al 32%.Entretanto se preparaba la guerra. No se había disipado el humo sobre lasruinas de Berlín ni se había desenterrado el espanto total de Auschwitzcuando David Ben Gurion, futura cabeza del Estado de Israel, negociaba enEstados Unidos la compra de armamento pesado y la reorganización de laHaganah por militares norteamericanos.
NACE UNA NACIÓN
Una fulgurante campaña de terror contra los ingleses precipitó el epílogo.En febrero de 1947 Gran Bretaña anunció que, en esas condiciones, no estabadispuesta a seguir gobernando Palestina, y devolvió a las Naciones Unidas elMandato que le había entregado la Liga de las Naciones.La Asamblea de la UN discutió siete meses el tema y finalmente elaboró unasolución “salomónica”. Palestina sería dividida en dos Estados: uno judío,otro árabe.En ese momento había en Palestina 1.200.000 árabes y 600.000 judíos..
Lospalestinos poseían el 94% de la tierra y los judíos el 6%.El Plan de Partición de las Naciones Unidas dividió el país en dos. En uno,que se convertiría en el Estado de Israel, y que abarcaba el 60% de lasmejores tierras cultivables, había 500.000 judíos y 400.000 palestinos. Enel 40% restante, que nunca llegó a convertirse en Estado, y que hoy formaparte de Israel, había 800.000 palestinos y 100.000 judíos.El mapa resultante es un notable ejercicio de topología en que ambos paísesaparecen superpuestos, con pasadizos y corredores para comunicar regionesseparadas. Lo que no dice el mapa es que la mitad de las tierras depropiedad palestina caían bajo jurisdicción israelí, y que en millares decasos la aldea árabe quedaba separada de las tierras que cultivaban sushabitantes.
El 29 de noviembre de 1947, por una mayoría de dos tercios que encabezabanlos Estados Unidos y la Unión Soviética, la Asamblea de la UN aprobó el Plande Partición y desencadenó la desgracia del pueblo palestino, el genocidio,el éxodo y la guerra.En la votación los norteamericanos presionaron hasta el límite a los dócilesgobiernos asiáticos y latinoamericanos. Una empresa yanqui compró a la vistade todo el mundo el voto de un país africano. El secretario de Defensanorteamericano James Forrestal, que no era propenso a escandalizarse, pudoescribir: “Los métodos que se han usado en la Asamblea General parapresionar y coercionar a otras naciones, bordean el escándalo”.Así nació Israel. Pero la historia no terminaba. Al día siguiente de lavotación, el sionismo lanzó todo el peso del terror para despojar a losárabes del territorio que le había dejado el Plan de Partición.
EL TERROR SIONISTA Y EL ÉXODO PALESTINO. LA MASACRE DE DEIR YASSIN SENTÓ UNMODELO DE ESCARMIENTO
“Durante tres días, del 11 al 13 de diciembre, atacamos en Haifa y en Jaffa,en Tireb y Yazur. Atacamos y volvimos a atacar en Jerusalén… Las bajasenemigas en muertos y enemigos fueron muy altas”.
De este modo describe Menajem Begin, el jefe del Irgun, el comienzo de laguerra que durante siete meses sacudió a Palestina en 1947-48.El objetivo de esos ataques no eran ya los ingleses. El 29 de noviembre lasNaciones Unidas habían votado la partición de Palestina y Gran Bretañaanunció el 14 de mayo de 1948 que retiraba sus últimas tropas.El blanco de la ofensiva en que participaron la Haganah, el Irgun y la BandaStern era la población Palestina, desarmada y desorganizada.En septiembre de 1946 la Haganah había caracterizado al Irgun y la BandaStern como “organizaciones que se ganan la vida mediante el gangsterismo, elcontrabando, el tráfico de drogas en gran escala, el robo a mano armada, elmercado negro”.
Esta suma de dicterios expresaba en realidad diferencias políticas y demétodo. Mientras la Haganah, brazo armado de la Agencia Judía, se definíacomo “socialista” y buscaba una imagen de respetabilidad, el Irgunevolucionaba hacia las posiciones fascistas que hoy sostiene el partidoHerut, encabezado por el mismo Begin y la Banda Stern era un grupo dedesesperados de ultraderecha.A pesar de las acciones espectaculares del Irgun, Haganah fue siempre laorganización de mayor peso y de ella surgieron los líderes, hasta hoy, delEstado de Israel.Como jefe militar aparecía Moshe Sneh.
La cabeza real era Ben Gurion –luegoprimer ministro– y entre sus dirigentes figuraban Moshe Dayan, hasta hacepoco ministro de Defensa, y el actual primer ministro Itshak Rabin.Un comité anglonorteamericano de investigación sobre la violencia enPalestina describió en 1946 los efectivos de la Haganah: una fuerzaterritorial de reserva de 40.000 colonos, un ejército de campaña de 16.000,y una fuerza de choque, el Palmach, que oscilaba entre 2.000 y 6.000.El Irgun tenia de 3.000 a 5.000 combatientes; la Banda Stern alrededor de300.Separadas por ácidas disputas, estas tres fuerzas confluyeron rápidamenteante el anuncio de la retirada inglesa, aceptaron la hegemonía de la Haganahy pusieron en práctica el llamado Plan D, que consistía en aterrorizar a lapoblación árabe en el período de vacío político comprendido desde el voto dela UN y la retirada inglesa y limpiar de árabes el Estado Judío y ocupartodo el territorio posible del Estado Árabe previsto por el Plan dePartición.
DEIR YASSIN
Las primeras operaciones combinadas de las organizaciones sionistas sedesataron en diciembre de 1947 sobre la carretera que unía los dosprincipales baluartes judíos: la ciudad costera de Tel Aviv y el barriojudío de Jerusalén. La carretera estaba flanqueada por aldeas árabes, lo queequivalía al bloqueo de Jerusalén.La primera etapa consistió en operaciones de hostigamiento contra esasaldeas, duró hasta marzo de 1948 y dejó 1700 muertos.
La ofensiva en granescala comenzó el 3 de abril cuando el Palmach tomó por asalto la aldea deQastall, situada sobre un cerro que dominaba la carretera.Seis días después el Irgun con el conocimiento de la Haganah, desarrolló unaoperación que hasta el día de hoy aparece ante cien millones de árabes comoel símbolo del horror: el asalto y la masacre de Deir Yassin.
Deir Yassin era una pequeña aldea árabe situada cinco kilómetros al oeste deJerusalén. No tenía importancia estratégica alguna y sus habitantespermanecían al margen de la conflagración. En la mañana del 9 de abril, 200efectivos del Irgun y la Banda Stern entraron a sangre y fuego casa porcasa, masacrando a 254 hombres, mujeres y niños, saquearon, violaron,mutilaron cadáveres y los arrojaron a una fosa común.“El baño de sangre de Deir Yassin” –admitió después el escritor judío ArthurKoestler- “fue la peor atrocidad cometida por los terroristas en toda sucarrera”.
DISCURSO DEL MÉTODO
En su libro La Rebelión, el autor de la masacre, Menajem Begin, aclaró susmotivos. Después de Deir Yassin, dice, “un pánico sin límites asaltó a losárabes, que empezaron a huir en salvaguarda de sus vidas. Esta fuga en masase convirtió en un éxodo enloquecido e incontrolable. De los 800.000 árabesque vivían en el actual Estado de Israel, sólo quedaron 165.000”.
La opinión de Begin es confirmada por Koestler: “La población árabe fuepresa del pánico y escapó de sus pueblos y aldeas lanzando el lastimerogrito: Deir Yassin. Huyeron de sus casas dejando a medio beber el últimocafé en el pocillo de porcelana”.Si los detalles de la masacre de Deir Yassin merecen un tratamiento apartecuando se discuta el rol del terrorismo en las luchas palestinas, susefectos políticos y militares se hicieron evidentes enseguida.Tres días después el Palmach tomó Kolonia sin lucha y dinamitó una por unalas casas árabes. Cinco aldeas más fueron destruidas por la fuerza de choquedel Haganah antes del 17 de abril con un saldo de 350 muertos. El 21 deabril, dice Begin, “todas las fuerzas judías penetraron en Haifa como uncuchillo entra en la manteca. Los árabes escapaban aterrados gritando DeirYassin”.Haifa era la segunda ciudad de Palestina. En una semana su población seredujo de 60.000 a 9.000.
El 25 de abril el Irgun atacó Jaffa, la ciudad árabe contigua a Tel Aviv. Alprincipio hubo resistencia, pero después se repitió el fenómeno: los árabesescapaban por decenas de millares. Aquí no fue necesario el ejemplo de DeirYassin: los últimos defensores de Jaffa fueron fusilados sobre el terreno,los sobrevivientes expulsados con lo puesto, y las casas dinamitadas unatras otra.El mismo día la Haganah tomó Acre. Bastó un megáfono y el anuncio derepresalias, para que el éxodo se repitiera.Mientras estos episodios se repetían en centenares de aldeas y decenas demillares de familias palestinas ambulaban por los caminos que conducían alLíbano, Siria, Jordania, las tropas británicas observaron con singularindiferencia, limitándose a impedir que los incipientes ejércitos de lospaíses árabes violaran las fronteras del nuevo Estado de Israel.
El 14 de mayo las últimas columnas del ejército inglés desfilaron al son delas gaitas por las calles de Jerusalén. En el primer minuto del 15, unaexclamación de júbilo brotó de las posiciones conquistadas por losisraelíes: era el Día de la Independencia.Nathan Chowsi, un judío que emigró a Palestina en 1906, ha calificado esejúbilo:“Los viejos colonos de Palestina podríamos relatar de que manera nosotros,los judíos, expulsamos a los árabes de sus ciudades y sus aldeas…
Aquí habíaun pueblo que vivió 1300 años en su propia tierra. Vinimos nosotros yconvertimos a los árabes en trágicos refugiados. Y todavía nos atrevemos acalumniarlos y difamarlos, a ensuciar su nombre. En vez de sentirnosprofundamente avergonzados por lo que hicimos, y tratar de enmendar todo elmal que hemos cometido, ayudando a esos infelices refugiados, justificamosnuestros actos terribles, y tratamos inclusive de glorificarlos”.
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