A pocos meses de la derrota electoral, el gobierno aparece de nuevo como el dueño de la pelota. Barnizó su imagen con algunas iniciativas, gracias a una “oposición” que no pasa de ser un reciclaje de lo viejo. Pero los K siguen perdiendo base social. Lo demuestra la conflictividad creciente y lo confirman las encuestas. No logran superar la acumulación de problemas. Por más que sonrían, la gobernabilidad y la transición al 2011 distan de estar aseguradas.
Por Guillermo Pacagnini
El gobierno aparenta haber superado el cono de tormenta. En las últimas semanas, con el regreso de Néstor como primer actor, parece retomar la iniciativa. Con su dosis de doble discurso “progre”, desplegó algunas medidas simpáticas: fútbol para todos, un plan social que promete 100.000 nuevos empleos, repudio al golpe en Honduras, castigo al Grupo Clarín y nueva Ley de Medios... Parece haber recobrado una cuota de poder, reteniendo los superpoderes, vetando artículos de la Ley de Emergencia Agropecuaria, recuperando a algunos díscolos (como Alarcón) y arremetiendo nuevamente contra el campo. Hasta vuelven a soñar con “Kirchner 2011”…Pero el gobierno cada vez cosecha más repudio popular.
Por Guillermo Pacagnini
El gobierno aparenta haber superado el cono de tormenta. En las últimas semanas, con el regreso de Néstor como primer actor, parece retomar la iniciativa. Con su dosis de doble discurso “progre”, desplegó algunas medidas simpáticas: fútbol para todos, un plan social que promete 100.000 nuevos empleos, repudio al golpe en Honduras, castigo al Grupo Clarín y nueva Ley de Medios... Parece haber recobrado una cuota de poder, reteniendo los superpoderes, vetando artículos de la Ley de Emergencia Agropecuaria, recuperando a algunos díscolos (como Alarcón) y arremetiendo nuevamente contra el campo. Hasta vuelven a soñar con “Kirchner 2011”…Pero el gobierno cada vez cosecha más repudio popular.
Su aparente recuperación tiene pies de barro. Sus iniciativas ya no convencen a los trabajadores y el pueblo, hay bronca y crecen las luchas, porque la realidad es que los K quieren hacernos pagar la crisis a los de abajo. Las encuestas lo certifican: el índice de confianza que mide la Universidad Di Tella es el más bajo de la era K y marca una nueva caída del 10% y una imagen positiva que no llega al 16%, la más baja de todos los gobiernos desde 1983. Y según Nueva Mayoría, “la fuerte ofensiva puede permitirle reconstruir poder antes del 10 de diciembre, aunque difícilmente después… ya que no parece que pueda recuperar el consenso, dado que desde la elección ha seguido cayendo en los sondeos”.La oposición le pone muletasLas elecciones dejaron dos grandes conclusiones:
• La más visible fue la tremenda derrota del gobierno y su proyecto político, constatando la debacle iniciada con el conflicto agrario del 2008.
• Pero hay otra conclusión, muy relacionada con la primera, que explica esta “resurrección” del matrimonio K: los principales proyectos políticos de recambio montados desde el establishment (el PRO-Peronismo y el “panradicalismo” del Acuerdo Cívico y Social) tampoco pasaron la prueba.Capitalizaron gran parte del voto-castigo, pero no salieron ganadores. En estas semanas se siguieron fragmentando y terminaron yendo en auxilio de los Kirchner. Veamos.
El PRO y el PJ disidente cada vez más muestran caminos divergentes. De Narváez se pelea con Solá, Reuteman patea el tablero, Das Neves se muestra presidenciable y Macri pilotea su propia crisis en la Ciudad, mientras Michetti sale a promocionar a Cobos. Están lejos de rearmar un liderazgo fuerte, pese a los buenos oficios de Duhalde. Peor es el panorama del espacio radical. Carrió se pelea con Stolbizer y varios anuncian que se van de la Coalición, al tiempo que la UCR debió suspender sus internas. Pese a haber conseguido más legisladores, se van a dividir en varios bloques.La crisis de estos proyectos “opositores” no se debe sólo sus internas, sino a que tampoco logran consolidar su relación con el pueblo trabajador. La gente les dio su voto como castigo a los Kirchner, pero percibe que siguen siendo vieja política. Ante la crisis que castiga al pueblo y las iniciativas del gobierno, responden por derecha. Así pasó con Aerolíneas, con las AFJP, con los superpoderes (proponiendo anular las retenciones a las agro-exportaciones) y ahora defendiendo a los monopolios de los medios.El PRO-PJ y el Acuerdo UCR pretenden un capitalismo serio ante el “capitalismo de amigos” de los K. Pero no les va bien. Como son parte del régimen capitalista, sostienen al gobierno porque tampoco quieren un descontrol y que se precipite un nuevo Argentinazo. El analista Rosendo Fraga lo graficó bien: “La división de la oposición da margen al gobierno para ganar batallas aunque haya perdido la guerra… ningún actor de la oposición -no sólo la política, sino la económica y social- quiere jugar a que el gobierno de Cristina no termine su mandato en fecha”.
La centroizquierda de Proyecto Sur y Nuevo Encuentro también está en un laberinto a la hora de responder a las iniciativas del gobierno y sin proponer una salida realmente alternativa. Una transición que se complicaEste aire relativo que logró el gobierno no mejora la salud del maltrecho régimen político argentino. Oficialistas y opositores, burócratas sindicales y empresarios, apostaron a un éxito del “diálogo político”. Buscaban un acuerdo de gobernabi-lidad para abordar una reforma política y vertebrar un pacto social. Buscaban una transición ordenada, canalizar sus tironeos económicos y ganar tiempo para construir sus proyectos políticos para llegar tranquilos al 2011. Y todos quieren un consenso para descargar el ajuste sobre los de abajo, con el poco margen que deja la crisis internacional a la ya hundida economía nacional.El fracaso de este operativo tiene una causa de fondo en la crisis de sus actores: los proyectos políticos opositores, la burocracia de la CGT y de la CTA que sufren descrédito en las bases, y la puja inter-empresarial por una torta que se achica por la crisis.Una consecuencia preocupa a los de arriba: la incertidumbre de que este gobierno, cada vez con menos base social y que debe aplicar un ajuste sin red de contención, pueda pilotear la crisis.
La acentuación del autoritarismo de los K es en realidad una muestra de debilidad. Patea el tablero y acentúa las grietas en las alturas, frente a un movimiento obrero y popular que reacciona y no quiere pagar los platos rotos de la crisis.Por eso el diario La Nación dice que es una “estrategia de sobrevivencia peligrosa”. Y alerta sobre una perspectiva posible: que haya nuevos giros bruscos, por algún hecho de la crisis económica, política o social que se agrava, y eso vuelva a poner sobre el tapete la gobernabilidad y cuestione la permanencia de los K en el poder, en un escenario convulsivo al estilo 2001.Ajuste y conflictividad socialEn este marco hay signos de agravamiento de la situación económica. Esto alimenta la crisis política y motoriza el conflicto social.
La recesión sigue empujando al desempleo y se combina con una inflación (cercana al 25% anual) que agrava la pobreza, la carestía y el deterioro del salario. El gobierno, que sólo invierte menos del 1% del “gasto social” en los sectores más desprotegidos, promete crear 100.000 empleos truchos. Es una fachada ante la necesidad de utilizar las reservas para pagar vencimientos de la deuda externa.A su vez Boudou vuelve a mendigar al FMI, en el afán de recomponer el crédito con esos usureros. Es que la caja fiscal está casi vacía. La recaudación cayó y sólo dispone de la plata de la ANSES que le robó a los jubilados, que usa para subsidiar a las grandes empresas privadas y no para las necesidades populares.
Es calamitosa la situación fiscal de la mayoría de las provincias, que compromete el pago de salarios y amenaza con la emisión de cuasi-monedas. Por eso, con los gobernadores de cómplices, y entre escándalos de corrupción como el de los medicamentos bonaerenses, empieza un plan de ajuste sobre las economías regionales.La reacción social no se hizo esperar:
• Los chacareros empujados a la ruina realizaron una semana de medidas de fuerza, con 80 cortes de ruta y marchas, pese a la política de la Mesa de Enlace, desmovilizadora y al servicio de los grandes productores.
• En los barrios se pelea contra la inseguridad y la carestía, y se logró hacer retroceder el tarifazo, pero el gobierno insiste con meterlo en octubre.
• Es el movimiento obrero el que está al frente de los reclamos.Enfrenta los despidos, como en Terrabussi y decenas de fábricas, y pelea por salarios, como los docentes de nueve distritos, estatales y trabajadores de la salud en varias provincias, con Tucumán a la cabeza, con vistas a un paro nacional de la salud para el 23 de setiembre. Y los trabajadores del subte salen al paro, reclamando el reconocimiento de su nuevo sindicato.Aunque la CGT y la CTA no convocan a medidas nacionales para unificar los reclamos, la presión de las bases ha logrado varias huelgas nacionales por gremio, y desborde y autoconvocatorias en varios conflictos estatales provinciales. Vamos hacia un escenario de mayor conflictividad y en esas luchas van a madurar nuevos activistas, que son el germen para construir la nueva dirección sindical que se necesita.
Una propuesta alternativa
Frente a este escenario, los luchadores tenemos que responder a varios desafíos. No sólo la organización en cada lugar para desarrollar la pelea y sumar solidaridad con los conflictos, reclamando un plan de lucha nacional a las centrales sindicales. Es necesario reclamar un plan de emergencia, con medidas de fondo para que la crisis la paguen los de arriba.
• Aumentando e indexando salarios, jubilaciones al 82% móvil y planes sociales según el costo de vida real.
• Reclamando la prohibición por ley de los despidos y suspensiones, y estatizando bajo control obrero toda empresa que cierre o insista en despedir.
• Eliminando el IVA de los productos de la canasta familiar y organizando un control popular de los precios.
• Estableciendo retenciones claramente segmentadas en el campo: bajas para los pequeños productores y bien altas para los grandes, los pooles y las cerealeras.
• Recuperando el petróleo y los recursos naturales, reestatizando las privatizadas de servicios, y nacionalizando la banca y el comercio exterior.
• Convocando a elecciones a una Asamblea Constituyente libre y soberana para que el pueblo pueda debatir y decidir cómo reorganizar el país.
Para impulsar todas estas premisas, es necesario ir construyendo una nueva alternativa política de izquierda, amplia y unitaria, con propuestas anticapitalistas y que pelee por un nuevo modelo socialista de país.Desde el MST-Nueva Izquierda convocamos a todos los luchadores a construir juntos ese nuevo proyecto político que necesita la Argentina para salir adelante.
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