El debate sobre las retenciones volvió a estar en el tapete. Ante la presión del campo el gobierno deja trascender la posibilidad de modificar algunas retenciones a las exportaciones por la vía de pagar compensaciones.
Y está en curso la pelea para definir si a partir del 24 de agosto se prorrogan o se caen las facultades delegadas por el Congreso al Poder Ejecutivo, que son las que le permiten a este último fijar las retenciones.
Ante esto ya hay una grave crisis que afecta a la alianza entre radicales, socialistas y la Coalición Cívica ya que Binner se pronunció a favor de que Cristina fije las retenciones mientras sus socios quieren que el Congreso sea el que defina.
Por otro lado, la gran patronal del campo está haciendo lobby parlamentario para que se eliminen las retenciones y los controles estatales sobre sus actividades. El sueño de los oligarcas es seguir acumulando cuantiosas ganancias con la producción sojera y profundizar el proceso de concentración que fortalece a los pooles de siembra y las grandes cerealeras.
Mientras se favorecen Cargill, Monsanto y Los Grobo, entre otros, los más perjudicados siguen siendo los pequeños y medianos productores, los chacareros y los peones rurales; cruzados por la crisis agropecuaria, las deudas, la inflación y los bajos salarios.
No es casualidad que muchos de los que antes fueron pueblos prósperos hoy estén semi arruinados y sin perspectiva de solución. Tampoco es azaroso que los pequeños productores sigan perdiendo sus parcelas de campo a manos de los grandes y tengan que emigrar a los asentamientos más pobres de las ciudades.
Los terratenientes quieren seguir con el festín que les organizaron los K durante años y ahora buscan limitar para sostener su caja. Si hay un lugar donde el doble discurso se despliega en toda su magnitud, ese lugar es el campo ya que el gobierno castiga a la oligarquía de la boca para afuera pero la premia del bolsillo para adentro.
Un párrafo aparte merece el discurso de Hugo Biolcatti en Palermo. El presidente de la Sociedad Rural, flanqueado por los dirigentes la Mesa de Enlace, reivindicó el modelo agroexportador de hace 100 años, en el que unos pocos ricachones oligarcas manejaban el país al compás de las necesidades del imperialismo mundial y tuvo el caradurismo de hablar de la pobreza, cuando la SRA la fomenta al exigir la eliminación de las retenciones e impulsar la concentración de la riqueza, cuestión que siempre hicieron de la mano de los gobiernos de turno, incluyendo los dictatoriales.
Nosotros no estamos ni con los terratenientes ni con el gobierno, que por distintas vías perjudican a los más chicos de la producción agropecuaria por meterlos a todos en la misma bolsa, como hacía la 125. Decimos claramente que estamos a favor de las retenciones, pero que tienen que ser segmentadas, cobrando altos gravámenes a los productores más grandes, diferenciando a los medianos y rebajando las obligaciones de pago de los pequeños productores.
Los fondos recaudados por el estado no tienen que ir a parar la caja K ni al pago de la deuda externa. Esa plata debe volver a las provincias y destinarse a satisfacer las necesidades más acuciantes de los trabajadores y el pueblo. Se debe estatizar la producción de semillas y fertilizantes para terminar con el negocio de las multinacionales del sector. Al mismo tiempo que hay que otorgar préstamos a los chacareros, pequeños y medianos productores. Es indispensable aumentar los salarios y terminar con el trabajo en negro, la explotación y miseria a la que se somete a los trabajadores rurales.
Hay que cortar con el negocio de las agroexportadoras nacionalizando la banca y el comercio exterior. Contra la concentración que arruina a los chacareros, pequeños y medianos productores hay que ejecutar una profunda reforma agraria.
El rol que deben adoptar los organismos estatales también es un tema en danza. Nosotros no fomentamos el cierre de la ONCCA como hacen los sectores que pretenden mano libre para la empresa privada nacional y extranjera. Estamos por la fiscalización de la actividad agropecuaria a través de fuertes organismos que ejecuten las funciones indelegables del estado, controlados democráticamente y honestamente por sus propios trabajadores, sin avalar el funcionamiento de estructuras paralelas montadas para la corrupción, como sucedió con el pago de compensaciones truchas que efectuaba la ONCCA.
El estado debe garantizar y regular la producción y distribución de alimentos, fijando los precios y castigando la especulación. Estas son algunas de las medidas de emergencia que proponemos en el camino de pelear por la única solución de fondo para los trabajadores y el pueblo: una Argentina Socialista.
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