En 1938, durante su exilio en México y ante una campaña de la burocracia sindical contra la prensa reaccionaria, León Trotsky escribió un texto que guarda vigencia. Allí sostenía:
“Tanto la experiencia histórica como teórica prueban que cualquier restricción de la democracia en la sociedad burguesa, es, en último análisis, invariablemente dirigida contra el proletariado… Consecuentemente, cualquier ‘dirigente’ de la clase obrera que arma al gobierno burgués con medios especiales para controlar a la opinión pública en general y a la prensa en particular, es, precisamente, un traidor.”
Cuestionando “la detestable supresión de la libertad de expresión y prensa” en la Unión Soviética bajo el stalinismo, Trotsky decía: “Las verdaderas tareas del estado obrero residen no en poner una mordaza policíaca sobre la opinión pública, sino más bien en liberarla del yugo del capital. Esto sólo puede hacerse colocando los medios de producción, incluida la producción de la información pública, en las manos de toda la sociedad. Una vez que se ha dado este paso socialista fundamental, todas las corrientes de la opinión pública que no han tomado las armas contra la dictadura del proletariado deben tener la oportunidad de expresarse libremente. El deber del estado obrero es hacer accesible a ellos, en proporción a su número, todos los medios técnicos que requieran, como prensas, papel y transporte.” (frecuencias de radio y TV, agregaríamos hoy)
“Sólo los ciegos o los débiles mentales podrían pensar que como resultado de la prohibición de la prensa reaccionaria los obreros y campesinos se librarán de la influencia de ideas reaccionarias. En realidad, sólo la mayor libertad de expresión, de prensa y de reunión pueden crear las condiciones favorables para el avance del movimiento revolucionario de la clase obrera.
“Es esencial emprender una incansable lucha contra la prensa reaccionaria. Pero los obreros no pueden permitir que el puño represivo del estado burgués sustituya la lucha que ellos libran mediante sus propias organizaciones y su propia prensa… El modo más efectivo de combatir la prensa burguesa es extender la prensa de la clase obrera.”
A su vez Nahuel Moreno, el fundador de nuestra corriente, en su texto Revoluciones del siglo XX, editado en 1984, reivindica las características centrales del régimen político vigente en la Rusia soviética durante los primeros años de la Revolución: “Algunas fueron abolidas por el mismo régimen en circunstancias excepcionales, como la guerra civil o el hambre. Pero estas excepciones no anulan la regla, ya que tanto Lenin como Trotsky siempre insistieron en que su abolición era momentánea y en que el régimen debía ser como en sus primeros años: c) Mucho mayores libertades que bajo el régimen democrático-burgués.
“Se abre la etapa de mayores libertades políticas, culturales, artísticas, científicas, de reunión, prensa e información que jamás haya conocido la humanidad. Todos los partidos tienen papel y facilidades para publicar sus opiniones. Los artistas y científicos gozan de la más absoluta libertad de expresión e investigación. El gobierno pone a disposición de todo el pueblo salones gratis para cuando quieran reunirse o hacer asambleas. No hay ningún tipo de censura. El régimen no tiene arte ni ciencia oficiales ya que no se mete para nada con ellas, sólo las protege para que se expresen todas las corrientes.”
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