Por Gustavo Giménez. Coordinador del MST Teresa Vive
El fuerte aumento de los precios en los alimentos y la falta de trabajo estable están provocando un aumento sostenido de la pobreza y la desigualdad social. Los desocupados y sus organizaciones cada día cobramos más protagonismo en la pelea por trabajo y ayuda social para las familias pobres.
Hace tiempo que los índices del INDEC no tienen nada que ver con la realidad de los precios del supermercado o el almacén del barrio. No hace falta ser economista, ni seguir la estadística de las consultoras no oficialistas. Basta hacer el ejercicio de agarrar el changuito y pretender estirar lo inestirable, el pobre ingreso de un trabajador, jubilado o desocupado.
Cuando comprar carne se ha tornado prohibitivo para millones, cuando la leche esta por la nubes, el azúcar no se consigue por que aumentó el 100% y hay desabastecimiento especulativo, da mucha bronca escuchar al gobierno como supuestamente se reduce la pobreza y la indigencia (de acuerdo al INDEK), como el “maravilloso” subsidio por hijo achica la deserción escolar y todo se encamina para mejor.
La realidad es que en un país donde 2.800.000 trabajadores están desocupados o sub ocupados, con casi el 40% de la fuerza laboral están en negro, la inflación galopante del 30% reduce rápidamente los ingresos de la población trabajadora. Los más pobres son los más perjudicados. El aumento de los precios produce una baja del consumo que lleva a que las changas sean cada vez más escasas y baratas.
Los pobres ya superan el 30% de la población (12 millones de personas) y los indigentes más del 10% (4 millones). Con cada punto de inflación 60.000 descienden por debajo de la línea de pobreza. Ya se habla de sectores que eran de clase media que ahora son pobres y también indigentes. El subsidio por hijo perdió en estos pocos meses de su aplicación la mitad de su valor real y todavía muchos miles cobran planes de $ 150, entre ellos las familias que tienen un solo hijo.
Una distribución cada vez más injusta
Cristina se la da de progresista y amiga de los pobres. Trata de disimular con su doble discurso su verdadera política de gobierno, que favorece a las grandes empresas y a los que como ella y su marido, el multimillonario hotelero y empresario ex presidente, están arriba de la pirámide social. Trata de que no se le caiga la careta, como le paso al presidente de la UCR, el senador Sanz, que en un arranque de sinceridad dijo que los pobres se consumían los subsidios en droga y juego.
Sin embargo este gobierno es uno de los que más amplio la brecha entre ricos y pobres, y la inflación desbocada no hace sino profundizar esta brecha. Según los datos del propio INDEC: “El 10% más rico de la población gana 28 veces más que el 10% más pobre, mientras que a fines de 2008 la diferencia era de 23 veces...” (Crítica Digital 19-05)
Los empresarios no dejan de aumentar sus ganancias: “Los dueños de las empresas no limitaron estos aumentos, ni siquiera durante la recaída productiva del complicado año pasado. Los balances de las firmas que cotizan en Bolsa indican un crecimiento de las utilidades promedio de 51,7% en comparación al 2008.” (Economistas de Izquierda 14-05).
Los pobres luchan contra el hambre K
Los diarios no dejan de señalar un importante aumento de las luchas de los desocupados. Ya no pueden ocultar las causas de las protestas. Lejos han quedado los días en que los piqueteros éramos vagos que no queríamos trabajar.
El gobierno ha lanzado algunos nuevos planes preventivos antes de que los barrios populares estallen. En ese camino esta el subsidio por hijo, que aunque mezquino y desactualizado en su monto, fue una conquista parcial de la lucha de los que reclamábamos un subsidio universal. Ahora esta planteada la lucha por que lo actualicen duplicando su valor y que la ayuda social llegue a todos los desocupados.
Los subsidios son un paliativo de emergencia. Ninguna familia puede vivir solo con la miseria de estos planes sociales. Un estudio reciente de la Universidad de Buenos Aires señala que, para alimentarse con una dieta saludable, una familia tipo necesita $ 1.600 por mes.
La aparición del plan Argentina Trabaja y sus $1.260 mensuales de remuneración por trabajo en cooperativas, despertó una ola de entusiasmo en muchas familias pobres. El plan estaba dirigido a la clientela electoral de los punteros del PJ. Pero las organizaciones no kirchneristas fuimos el vehículo para que miles pudieran ingresar al programa. Nuestro Teresa Vive estuvo en primera fila de esta pelea. Un primer logro. Luego de muchas marchas, cortes y acampes, ya varios miles están cobrando y otro tanto lo harán en los meses siguientes. Y vamos a seguir peleando por que el programa llegue a los compañeros del interior y también porque los que ya han ingresado terminen de cobrar, puedan trabajar con sus cuadrillas y cooperativas sin manoseos de los punteros, y se actualice periódicamente el monto del salario para que no se lo devore la inflación.
Pero el logro de que un poco más de 100.000 desocupados puedan acceder a este ingreso de emergencia, no nos conforma. Hay millones que necesitan un trabajo y un ingreso digno. Hay plata para ello. Este año los compromisos para pagar la deuda externa rondan los 16.000 millones de dólares. Un platal con el cual se podría generar un plan de obras públicas que reactive la economía y le de trabajo a millones.
El Bicentenario nos encuentra peleando por el país que soñaron nuestros próceres, una Argentina grande, sin miseria, desocupación y pobreza. Ese no es el plan de los K, ni de la oposición patronal, ni del pillaje capitalista. Es nuestro plan, el de los que peleamos por una Argentina Socialista.
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