El proyecto que Cristina mandó al Congreso se llama “Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral”. Un título pretencioso, pero falso. Esta reforma no es democrática, ni transparente, ni equitativa, sino un engendro adecuado a la conveniencia de los K, el PJ y la UCR. Quieren recortar tu derecho democrático a elegir entre una pluralidad de candidatos y permitir solamente dos: los del bipartidismo.
Por Pablo Vasco, dirigente del MST.
Esta iniciativa es clave, ya que apunta a reordenar el funcionamiento del régimen político del país, que viene en crisis desde el 2001. A su mejor estilo, los Kirchner buscan también su propio beneficio.
Técnicamente, es un proyecto de ley destinado a modificar tres leyes vigentes: la Ley Orgánica de Partidos Políticos (23.298), el Código Electoral Nacional (19.945) y la Ley de Financiamiento de los Partidos Políticos (26.215).
Políticamente, el objetivo es mejorar las chances electorales del propio Néstor y -endureciendo los requisitos y poniendo nuevos obstáculos- reflotar el viejo bipartidis-mo PJ-UCR y proscribir a nuevos partidos y sobre todo a la izquierda.
Más que para los partidos, esto es muy grave para el pueblo, para vos y para todos. Se nos recortaría de un plumazo el derecho a poder elegir entre una variedad de candidatos, y no entre los dos viejos partidos de siempre, PJ o UCR, UCR o PJ.
Una reforma reaccionaria
Como la dirigencia del sistema no ha conseguido revertir la crisis de dominación política, y los proyectos reciclados o nuevos no terminan de hacer pie, aspiran a imponer el bipartidismo por decreto. El autor es el kirchnerismo, pero hay complicidad de la UCR (ver abajo).
En esencia, tratan de que toda la vida política se juegue en el marco de los dos partidos tradicionales, excluyendo antidemocrá-ticamente a otras fuerzas. Esto tendría dos consecuencias centrales:
1. Presionaría a los disidentes del PJ y la UCR a volver a sus rediles. En el PJ, debilitaría a los que vayan por fuera del aparato, como De Narváez, Solá o Reutemann, lo que favorece a Kirchner, que además maneja la caja. En el radicalismo, obligaría a Cobos y a otros dirigentes a volver a “la orgánica”, marginando a Carrió. Para la UCR sería oxígeno de cara al 2011.
2. Perjudicaría a todas las otras fuerzas, en un brutal recorte a los derechos políticos y democráticos. Esto abarca a Proyecto Sur y demás fuerzas de centroizquierda, a todos los partidos chicos y en particular a la izquierda.
Un obstáculo tras otro
Según el gobierno K, su reforma terminará con los “sellos de goma” y con los candidatos “a dedo”. Es todo verso. Son los viejos partidos los que crean los sellos, para usarlos cuando les hacen falta. Y las internas, como dijimos, las quieren sólo para retener a los díscolos en el PJ o la UCR. Nuestra corriente fue la primera que hizo internas abiertas en el país, con Izquierda Unida en 1988. Pero eran voluntarias, para alentar la participación popular, y no obligatorias como pretenden ahora. A su vez, un intendente que tenga resuelta su lista podrá mandar a su aparato a incidir en la interna de otro partido. Y miente Cristina cuando dice que su sistema es como los de Santa Fe o Uruguay: en esos lugares hay primarias, pero sin piso.
Fijate cómo funcionaría la «reforma política» K. Primero, suben la exigencia de afiliaciones. Y las controlan cada año. Si el partido no llega a 28.000, no tiene personería nacional. Si llega, tiene que hacer la interna. Pero para eso debe presentar adherentes. Si hace la interna, para postular candidatos a la elección general debe superar un piso del 3% de los votos válidos. Si no saca 630.000 votos, queda afuera. Y después, si se presenta a la elección general, debe superar otro piso del 3% del padrón. Si no saca 900.000 votos, pierde la personería. Si esto hubiera regido para la última presidencial, de 14 candidatos sólo se podrían haber presentado 4.
En el caso de la izquierda, apuntan a liquidar a partidos que tenemos una tradición de décadas, un protagonismo constante en las luchas sociales y a menudo, además, representación parlamentaria. Si esta reforma pasara, para la izquierda se replantearía el desafío de la unidad para seguir dando la lucha político-electoral.
Otras trampas
El tema financiamiento es oscuro. Si bien sólo habría publicidad asignada por el Estado, eliminarían el informe de gastos de campaña previo (art. 49) y la identidad de los aportantes en el informe final (art. 51). Los K, cuyos aportes de campaña están rodeados de escándalo, quieren que ni antes ni después de votar podamos saber quién pone plata para quién.
A su vez, habría una mayor ingerencia del gobierno: el Ministerio del Interior podrá cambiar los límites de las circunscripciones (art. 66) y para designar autoridades de mesa se dará prioridad a los “voluntarios” (art. 75).
En lo inmediato, la perversión es mayor. Según el artículo 82 del proyecto, los partidos que a fin de este año no tengan el 4 por mil de afiliados perderían su personería. Si se aprobara, de 33 partidos nacionales caducarían 28 y quedarían sólo 5. Y según el artículo 11, la nueva personería sólo se podrá pedir “luego de celebrada la primera elección nacional”. O sea, recién para el 2013…
¡Que no pase!
En 2006 reactivaron el piso de caducidad del 2% y cambiaron el sistema de financiamiento para castigar a los partidos chicos y a la izquierda. Este año, la justicia electoral bonaerense nos quitó la personería provincial al MST y a otros partidos, perjudicando nuestra participación. Ahora el gobierno negocia en el Congreso algunos cambios menores para poder y aprobar esta reforma reaccionaria, diseñada al servicio de los K, el PJ y la UCR. Esta maniobra política va contra tus derechos democráticos y contra los de toda la población. ¡Unamos fuerzas para que no pase!
Por Pablo Vasco, dirigente del MST.
Esta iniciativa es clave, ya que apunta a reordenar el funcionamiento del régimen político del país, que viene en crisis desde el 2001. A su mejor estilo, los Kirchner buscan también su propio beneficio.
Técnicamente, es un proyecto de ley destinado a modificar tres leyes vigentes: la Ley Orgánica de Partidos Políticos (23.298), el Código Electoral Nacional (19.945) y la Ley de Financiamiento de los Partidos Políticos (26.215).
Políticamente, el objetivo es mejorar las chances electorales del propio Néstor y -endureciendo los requisitos y poniendo nuevos obstáculos- reflotar el viejo bipartidis-mo PJ-UCR y proscribir a nuevos partidos y sobre todo a la izquierda.
Más que para los partidos, esto es muy grave para el pueblo, para vos y para todos. Se nos recortaría de un plumazo el derecho a poder elegir entre una variedad de candidatos, y no entre los dos viejos partidos de siempre, PJ o UCR, UCR o PJ.
Una reforma reaccionaria
Como la dirigencia del sistema no ha conseguido revertir la crisis de dominación política, y los proyectos reciclados o nuevos no terminan de hacer pie, aspiran a imponer el bipartidismo por decreto. El autor es el kirchnerismo, pero hay complicidad de la UCR (ver abajo).
En esencia, tratan de que toda la vida política se juegue en el marco de los dos partidos tradicionales, excluyendo antidemocrá-ticamente a otras fuerzas. Esto tendría dos consecuencias centrales:
1. Presionaría a los disidentes del PJ y la UCR a volver a sus rediles. En el PJ, debilitaría a los que vayan por fuera del aparato, como De Narváez, Solá o Reutemann, lo que favorece a Kirchner, que además maneja la caja. En el radicalismo, obligaría a Cobos y a otros dirigentes a volver a “la orgánica”, marginando a Carrió. Para la UCR sería oxígeno de cara al 2011.
2. Perjudicaría a todas las otras fuerzas, en un brutal recorte a los derechos políticos y democráticos. Esto abarca a Proyecto Sur y demás fuerzas de centroizquierda, a todos los partidos chicos y en particular a la izquierda.
Un obstáculo tras otro
Según el gobierno K, su reforma terminará con los “sellos de goma” y con los candidatos “a dedo”. Es todo verso. Son los viejos partidos los que crean los sellos, para usarlos cuando les hacen falta. Y las internas, como dijimos, las quieren sólo para retener a los díscolos en el PJ o la UCR. Nuestra corriente fue la primera que hizo internas abiertas en el país, con Izquierda Unida en 1988. Pero eran voluntarias, para alentar la participación popular, y no obligatorias como pretenden ahora. A su vez, un intendente que tenga resuelta su lista podrá mandar a su aparato a incidir en la interna de otro partido. Y miente Cristina cuando dice que su sistema es como los de Santa Fe o Uruguay: en esos lugares hay primarias, pero sin piso.
Fijate cómo funcionaría la «reforma política» K. Primero, suben la exigencia de afiliaciones. Y las controlan cada año. Si el partido no llega a 28.000, no tiene personería nacional. Si llega, tiene que hacer la interna. Pero para eso debe presentar adherentes. Si hace la interna, para postular candidatos a la elección general debe superar un piso del 3% de los votos válidos. Si no saca 630.000 votos, queda afuera. Y después, si se presenta a la elección general, debe superar otro piso del 3% del padrón. Si no saca 900.000 votos, pierde la personería. Si esto hubiera regido para la última presidencial, de 14 candidatos sólo se podrían haber presentado 4.
En el caso de la izquierda, apuntan a liquidar a partidos que tenemos una tradición de décadas, un protagonismo constante en las luchas sociales y a menudo, además, representación parlamentaria. Si esta reforma pasara, para la izquierda se replantearía el desafío de la unidad para seguir dando la lucha político-electoral.
Otras trampas
El tema financiamiento es oscuro. Si bien sólo habría publicidad asignada por el Estado, eliminarían el informe de gastos de campaña previo (art. 49) y la identidad de los aportantes en el informe final (art. 51). Los K, cuyos aportes de campaña están rodeados de escándalo, quieren que ni antes ni después de votar podamos saber quién pone plata para quién.
A su vez, habría una mayor ingerencia del gobierno: el Ministerio del Interior podrá cambiar los límites de las circunscripciones (art. 66) y para designar autoridades de mesa se dará prioridad a los “voluntarios” (art. 75).
En lo inmediato, la perversión es mayor. Según el artículo 82 del proyecto, los partidos que a fin de este año no tengan el 4 por mil de afiliados perderían su personería. Si se aprobara, de 33 partidos nacionales caducarían 28 y quedarían sólo 5. Y según el artículo 11, la nueva personería sólo se podrá pedir “luego de celebrada la primera elección nacional”. O sea, recién para el 2013…
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