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| Gerardo Uceda |
Pero ahora, precisamente por el impacto de la crisis mundial Brasil, nuestro principal destino exportador, también se ha desacelerado económicamente (pasando de un crecimiento superior al 7% en 2010 al 2% en 2011) , lo que hace más que probable que esta retracción tenga un fuerte impacto en la economía nacional. Esto es lo que está pasando ya con la industria automotriz que por primera vez en 3 años registra una caída interanual de exportaciones cercana al 25%. Si bien es cierto que la retracción de la economía brasilera y la nuestra propia dependerá fundamentalmente de lo que suceda con la evolución de la crisis europea (si Europa entra en una recesión prolongada la crisis impactará más profundamente, si lo que predomina es la recolocación de los capitales en países emergentes como Brasil, probablemente éste vuelva a crecer y como consecuencia el impacto en nuestro país será menor), pero por lo visto los primeros coletazos no son positivos para Cristina. Demás está decir que esto es sólo una muestra de lo que se puede venir, ya que a Brasil y otros países como China y Europa le vendemos naftas, caucho, leche y derivados, alimentos, soja etc. cualquier retracción en el consumo impactará en nuestra economía a pesar de la insistente y obtusa negación del Gobierno.
No es mejor el panorama interno. Desde el Gobierno siempre atribuyeron el éxito del plan a la reactivación del consumo interno por lo que ellos denominan “redistribución del ingreso”. Es cierto que el consumo argentino aumentó claramente desde la crisis del 2001, hubo múltiples factores que intervinieron en ello. Sin embargo desde 2008 aproximadamente, el consumo no se ha basado en un crecimiento real de la economía, ni en un supuesto “derrame” hacia la población en general sino que fue sostenido desde el gobierno a través de una expansión del gasto, emisión monetaria de por medio, etc. El problema es que esta forma de sostener el consumo interno es ficticia e imposible de sostener en el tiempo, ya que acumula muchísimas contradicciones. La más importante de ellas pasa hoy por el tema de los subsidios a las empresas de servicio y transporte. El gobierno está ante una encrucijada, para bajar el gasto y poder hacer frente a los compromisos de deuda y fortalecerse económicamente debiera sacar los subsidios, como anunció a poco de ganar las elecciones. Pero, más allá de la reacción social que traería aparejado un aumento de tarifas de 200-400% o un boleto a $ 4,44 como dijo De Vido, lo cierto es que aún si todos pagáramos los aumento sin protestar, esto consumiría entre el 20-35% del ingreso familiar, lo que se traduciría inmediatamente en una baja del consumo generalizado de otras mercancías. La consecuencia lógica es una baja en el crecimiento económico. Esgrimiendo este argumento es que ahora Cristina salió a decir que no quitará los subsidios a las tarifas para no bajar el consumo, mientras comienzan los lobies y presiones del sector automotriz para que se lancen planes de facilidades para comprar autos en el país.
Desde el MST decimos que no hay salida por este lado, estamos en contra de los tarifazos que pagaremos todos, ni tenemos los trabajadores que pagar la fiesta que se hicieron estos años los grandes grupos capitalistas a expensas de bajar el consumo popular destinado en su mayor parte a comida, vivienda y gastos básicos no suntuarios. Decimos que ante la crisis hay que reestatizar bajo control de los trabajadores y usuarios todas las empresas privatizadas, de transporte y servicios sin indemnización alguna, como única forma de tener tarifas sociales sin subsidiar a los grandes grupos empresarios. A la vez afirmamos que hay que cambiar la base tributaria, de manera que paguen más los que más tienen, eliminando el IVA al consumo popular y aumentando los salarios al nivel de la canasta familiar.

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