20 de abril de 2010

En la timba de la Deuda, el Gobierno y la Justicia decretaron: PAGAMOS TODOS

Luego de muchas idas y vueltas, la justicia destrabó los recursos para que el gobierno pague la deuda externa con fondos de la reserva del BCRA. Hay que sacar conclusiones sobre lo que pasó, lo que se viene y movilizar por el no pago.

Por Vilma Ripoll

El 14 de diciembre del año pasado Cristina anunció la creación del Fondo del Bicentenario por 6.549 millones de dólares para pagar a los usureros con fondos del Banco Central.


Luego, la jueza María Sarmiento frenó el decreto de necesidad y urgencia. Después la Presidenta estableció la derogación del Fondo del Bicentenario y anunció la firma de otro DNU para pagar la deuda con reservas.


En la continuidad de la película, la jueza Laura Rodríguez Vidal dictó una medida cautelar para que los efectos del decreto 298 quedaran suspendidos hasta tanto se expidiera el Congreso. Finalmente, el 30 de marzo, las salas IV y I de la Cámara en los Contencioso Administrativo habilitaron la aplicación del decreto 298 y con ello, los 4.300 millones de dólares de todos los argentinos quedaron en manos del gobierno para ser girados al exterior.

El lunes 5 se vencieron los plazos para que el gobierno desembolse 200 millones de dólares por los vencimientos del BODEN 2005. Y el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, ya anunció que quiere seguir pagando hasta el último centavo de dólar a los usureros. Por eso van a retomar las negociaciones con el Club de París y el pago de 6.700 millones de dólares.

Es necesario sacar conclusiones sobre las enseñanzas que dejaron los cuatro meses transcurridos entre la firma del decreto del Fondo del Bicentenario y la autorización para pagar extendida por la justicia.

Ni nacional, ni popular ni progresista
Hay quienes, aún no queriendo a los Kirchner creen que comparados con otros, son menos malos. Nosotros creemos que no es así. Los sucesos ligados al pago de la deuda lo vuelven a ratificar. Un gobierno nacional, popular y progresista, no pagaría la fraudulenta deuda externa, no se seguiría endeudando ni ajustaría como lo hace el de los Kirchner.

Lejos de cualquier posición de justicia social, independencia económica y soberanía política, el gobierno está arrodillado frente al imperialismo, a la gran patronal y a los usureros nacionales e internacionales.

Respetando la opinión de los que creen en el mal menor, no la compartimos y estamos convencidos que los Kirchner son igual de malos que los anteriores presidentes.

Crisis política y del régimen
Cuando Cristina firmó el decreto ni se imaginó la crisis política que desataría, abrió una “Caja de Pandora” del terror político. Los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial entraron en abierta contradicción, sin saber quién mandaba en realidad.

Los partidos patronales, cruzados por la perspectiva de las elecciones presidenciales, empezaron un fuerte tironeo y ensayaron ataques que llegaron a preocupar a la gran burguesía, que ni bien pudo empezó a pedir “cordura”, “paños fríos” y “diálogo”, ante la perspectiva de un desmadre económico y político.

El resultado de esta disputa, que aún reserva distintas escaramuzas, es el hartazgo de la población ante el gobierno y ante los que no representan ningún cambio significativo. Es una mancha más a las podridas instituciones del régimen capitalista, más que deteriorado desde el Argentinazo del 2001.

Envalentonamiento relativo
Es un error llegar a la conclusión que el gobierno está fuerte para hacer lo que quiere. Nada que ver. En realidad hace lo que puede, en el marco de la desesperación por mantener fondos en la caja. El desprestigio y bronca de la población crece con cada hecho político en que la presidenta despliega toda la soberbia del gobierno.

Si existe el espejismo de fortalecimiento, se debe a que: la oposición patronal no tiene ningún proyecto alternativo creíble; Moyano y la CGT enchalecan las luchas y, si bien hay luchas, todavía no hay una oleada que irrumpa en la situación nacional en forma decisiva.

La oposición patronal es más de lo mismo.
Aunque el PJ, el PJ disidente, la UCR, el PRO, la Coalición Cívica y el PS se hayan peleado son todos iguales. Ninguno de ellos presentó una alternativa verdadera por el no pago de la deuda fraudulenta. En sus idas y vueltas terminaron encerrados entre los vericuetos del sistema capitalista para canalizar las crisis.

Encima los une la firme voluntad de ajustar al pueblo para paliar los alcances de la crisis capitalista mundial. Cristina ajusta con inflación, la oposición quiere ajuste tradicional.

Es necesario conformar una alternativa política distinta, amplia, de confluencia entre los partidos de izquierda y otros sectores, priorizando los acuerdos sobre las diferencias, para que miles de argentinos la tomen como propia y de una vez por todas le den la espalda a los viejos partidos de la vieja política.

Alumbró algo distinto
En otras ocasiones donde el problema de la deuda ocupó el primer plano del escenario político y, ante una fuerte presión popular, la CGT llegó a levantar un programa de 26 puntos que incluía la moratoria de la deuda.
Ahora están tan a favor del gobierno que aplaudieron cada envío de dinero a los usureros. Sin embargo, esto no impidió que un sector del arco político hiciera sentir su voz.

Sectores de la izquierda, antiimperialistas y de expresiones de centroizquierda convocamos juntos a una concentración en Congreso. Más allá de las diferencias que nos separan de las organizaciones de centroizquierda, fue un paso adelante que hay que mantener y profundizar en el camino de poner de pie un gran movimiento por el no pago.

No pagar y que el pueblo decida
El gobierno y la justicia decidieron lo que los partidos patronales comparten (aunque con otros mecanismos): que todos los argentinos pongamos plata para pagar la deuda. Ellos sentenciaron: Todos ponen.

Nosotros estamos en el extremo opuesto de esa posición. Hace décadas que desde nuestra corriente venimos insistiendo en la necesidad de la movilización nacional y continental por el no pago de la deuda externa, para que los fondos que se van al exterior se queden en el país. Para invertir en trabajo, salud, educación, vivienda, salarios y las necesidades más acuciantes de la población. La pelea que dimos desde el nacimiento del Fondo del Bicentenario hasta hoy, junto a otras expresiones políticas nos reafirma en la tesitura de no pagar.

Por último, no puede ser que el debate fundamental lo digiten los partidos patronales entre falsas opciones: “O decide la Casa Rosada o decide el Congreso”. El pueblo tiene derecho a decidir sobre sus propios destinos en los grandes problemas nacionales. Y se puede hacer mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, como la que la movilización impuso en Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros países.
Estas son algunas de las conclusiones que sacamos y compartimos con los compañeros que leen Alternativa Socialista.

No hay comentarios: