La crisis que vive el país entra a todos los hogares. Pero Moyano y la CGT dicen que “el gobierno no tiene nada que ver” y el ministro Boudou insiste en que no hay inflación.
Ese verso K termina cuando hay que llenar la mesa familiar... Encima, en fábricas y empresas, escuelas y hospitales, las condiciones de trabajo empeoran cada día. Los ritmos y exigencias se incrementan y te hacen laburar más por la misma plata. Con aprietes al pie de la máquina, cambiando los turnos o unificándolos, buscan reestructurar el trabajo, pero al servicio de garantizar la producción con mayor explotación.
Esto sube la bronca con el gobierno, pero también con los caciques de la CGT que defienden a los Kirchner y se niegan a apoyar, coordinar y nacionalizar las luchas. Moyano dice que la inflación “es la del supermercado”, pero no organiza la lucha. Incluso, con el mal llamado impuesto a las ganancias, la CGT parte de aceptarlo y sólo piden a Cristina que suba el mínimo no imponible.
Según los gremios, la canasta familiar no baja de $3.800 (estudio del STIA, Sindicato de Alimentación, Clarín 9/3), pero el 50% de los trabajadores tienen ingresos menores a $1.500. Este es el marco en que deben darse las paritarias para fijar los nuevos básicos de convenio.
La CGT, en lugar de preparar un acto para el 1º de mayo para ratificar su apoyo “al modelo económico” y “al liderazgo de Kirchner”, debería organizar con la CTA una lucha nacional por el salario, las jubilaciones, contra los despidos, por el seguro de desempleo y las condiciones de trabajo. Pero esta dirigencia trabaja para contener por abajo, haciendo que muchas Internas presionen a los delegados de base para que no informen ni organicen a los compañeros que se sienten solos para reclamar. Sumado a delegados que están “adornados” por la empresa para parar la bronca. Así, la clave es organizarse ante una patronal y los gobiernos que solo buscan descargar la crisis en los trabajadores.
Preparar el reclamo, exigiendo asambleas
Las paritarias son una conquista para aprovechar, buscando todo resquicio por donde colar el reclamo de base. Apoyándose en los delegados combativos y democráticos y exigiendo asambleas por empresa, por distrito o repartición. Lo primero, lograr que sean los trabajadores quienes decidan el aumento a pedir, rechazando las subas escalonadas. Pidiendo que se fijen cláusulas gatillo para reabrir la negociación si crece la inflación, como los estatales en Santa Fe y la CICOP bonaerense.
Es importante que el monto no quede en los dirigentes ya que gremios como la UOM dicen ir por el 25%. Pero, tal como pasó en docentes, los dirigentes hablan de un porcentaje que puede no ser real. El supuesto 23,4% docente, al ser desdoblado y calcularlo sobre un piso falso, terminó en un 15% real.
En los privados ocurre lo mismo: las patronales metalúrgicas hablan de “una suba del 20%”, pero al ser en 3 cuotas (5% abril, 10% julio, 5% enero), hasta la UOM debió reconocer que “si prorrateamos los porcentajes en el año, estamos en un incremento anual que no alcanza el 15%”. No se puede confiar en dirigentes que en el 2009 firmaron aumentos en cuotas y por detrás de lo que se podía sacar con la lucha.
Para dar pelea, debemos arrancar de abajo. Organizando a los compañeros por sección y por turno para ir al distrito o seccional. Reclamando asambleas, reuniones a la salida, coordinar con los otros turnos y con otros delegados e internas para sacar un mismo mandato.
Exigiendo plenarios de delegados y congresos para votar el monto del reclamo y las medidas de lucha para lograrlo. Atentos a que en la negociación no se pierda lo que logre la lucha. Reclamar donde se pueda, que los paritarios se elijan en asambleas y plenarios; respondan al mandato de base y nada se firme sin consultar antes en asambleas en los lugares de trabajo. Para definir en un plenario si se acepta o no.
Hay conflictos duros como el de los portuarios y el de docentes de Neuquén o San Luis donde van por la quinta semana de paro indeterminado con masivas movilizaciones. Se organizan los aeronáuticos y pelean los judiciales, trabajadores de prensa en Rosario, los estatales y trabajadores de la salud e incluso la policía santacruceña se auto acuarteló por salario. Pero esas peleas por empresa, rama o sindicato encuentran un límite ante la presión de patrones y gobernantes por hacernos pagar la crisis.
Como los docentes neuqui-nos, debemos exigir la coordinación de las luchas, arrancar un paro provincial de la CTA y la CGT, pero también la nacionalización de la lucha. Sabiendo incluso que, como en el paro nacional de ATE, la dirigencia no garantiza la contundencia y continuidad de las medidas.
O como en la UOM, que mientras Caló ratificaba el paro para el 9, ahí mismo lo dejaba en suspenso diciendo: “el Ministerio va a tener que dictar la conciliación para tener 20 días más para negociar”. Por eso, sin confiar en estos dirigentes, debemos exigir que rompan su apoyo al gobierno K y nacionalicen la lucha de privados y estatales. Los conflictos muestran que hay fuerza y disposición en la base para pelear.
Francisco Torres
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