La epidemia de gripe A (H1N1), surgida en el mes de abril en México y EEUU, ya afecta a 109 países. El virus se propaga incontenible entre la población. Por esto es declarada la pandemia. Este nuevo virus, distinto del de la gripe estacional, tiene un alto nivel de contagio, ya que la población mundial no posee anticuerpos contra él. Esto hace a su peligrosidad. Por ejemplo en nuestro país por año se mueren varios miles de personas por gripe. No los mata la gripe sino las complicaciones con otras enfermedades como deficiencias respiratorias, neumonías, etc. Si bien hasta ahora esta gripe, que afecta mayoritariamente a las poblaciones de entre 17 y 50 años, no tiene un nivel de mortalidad mayor que la gripe común, al desarrollarse su contagio en forma explosiva (algunos especialistas calculan que cerca del 80% de los casos actuales de gripe en la Argentina son tipo A) puede aumentar la mortalidad de manera exponencial.
Algunos epidemiólogos recuerdan la epidemia de gripe en España en 1918 que dejó millones de muertos en el mundo. Los cálculos de los especialistas son que esta gripe puede afectar a un 10 % de la población mundial, unos 600 millones de personas y con una mortalidad de entre el 0,4 y 0,5 % generaría unos 3 millones de muertes. Pero estas no son cifras definitivas y la infección y mortalidad podrían ser aún mayores.
Si hacemos cuentas en nuestro país estamos hablando de 4 millones de infectados y 20.000 muertes en el caso del pronóstico más bajo, si no se logra frenar la epidemia.Lo que torna más explosivo el cuadro y aumenta la tasa de mortalidad es la pobreza y por eso nuestro país esta tan expuesto. Son los pobres los que menos defensas tienen, los más vulnerables. Los que menos acceso a la salud tienen. Y en nuestro país una pobreza e indigencia que afectan al 30% de la población, son un verdadero caldo de cultivo de la gripe.Imagínese el lector si las recomendaciones de la OMS, basadas en el aislamiento social para evitar el contagio y luego las normas de higiene personal, como bases para detener la epidemia, qué oportunidad tienen los millones que en nuestro país no tienen agua corriente ni cloacas, viven hacinados en viviendas precarias o padecen distintos grados de desnutrición o enfermedades crónicas mal tratadas por falta de plata para medicamentos o atención sanitaria.Como lo acaba de señalar el pediatra Manuel Smerling: “En definitiva, pienso que –como decía Ramón Carrillo– la tuberculosis no es una enfermedad, sólo es un síntoma.
La enfermedad, en todo caso, se llama pobreza. El caso es que se pueden cerrar todas las escuelas, pero en los ranchos de cuatro chapas y un polietileno y en chicos que van a la escuela a comer y que duermen en un colchón húmedo lo único que los contiene son esas seis horas en las que están en el aula o almuerzan algo calentito.”Y eso da mucha bronca.
En un mundo donde los avances científicos podían evitar las tasas de mortalidad y de contagio propias del medioevo de estas enfermedades, hay una enfermedad responsable de todas: se llama Capitalismo. Lo sostienen gobiernos pseudo progresistas como el nuestro y la oposición patronal. Los que defendemos la vida vamos a seguir luchando contra este cáncer que amenaza la propia existencia humana.
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