“Y ahí estaba el Vasco Bengochea, y ahí estaba Nahuel, y ahí estaba Milciades Peña. Y yo asistía a esos diálogos maravillosos de esos personajes. Y eran lecciones maravillosas en que nos quedábamos con la boca abierta… en La Plata, en Berisso, en Ensenada. Nos íbamos a repartir los domingos…éramos tan pelotudos, los domingos a las 10 de la mañana Berisso y Ensenada. Palabra Obrera, era una barbaridad. Los peronistas nos sacaban del orto cuando nosotros caíamos. Que carajo venían a hacer estos trotskos entristas. Yo les decía recién ese título famoso con Frondizi en el gobierno: decía Frondizi no puede dar soluciones a los problemas de fondo. Perón tenía razón, decíamos en aquella etapa del entrismo.”
“¿Que aprendí de esa gente? Estaba enfermo activo, estaba enfermo vivo, estaba enfermo peligroso, contagioso. Asistía a esos diálogos, tomábamos mate juntos. Yo tenía 19 años. Había una efervescencia social, revolucionaria, el mundo quería cambiar, empezaban los Beatles, empezaba la revolución sexual. Y estos jóvenes maravillosos, para mí hombres grandes, que me daban esas lecciones de política nacional e internacional, me enseñaron a mí concretamente que fue la palabra solidaridad, yo no sabía que era. Para mí la palabra solidaridad era un credo ideal, una frase hecha, algo que asociaba con mi vieja educación religiosa y militar (yo hice primero la carrera eclesiástica y luego la militar). Para mí solidaridad era una palabra casi cristiana. Y de pronto cuando compartíamos esas mateadas, incluso con meses chiquititos, tomaban mate los padres conmigo sabiendo que yo estaba enfermo, siendo que mi madre había muerto de tuberculosis. Ellos no tenían ningún problema en compartir el mate, la pieza, la cama, la caricia de los hijos. Y para mí fue hasta las lágrimas. Lo que era la demostración palmaria de que esa misma gente con la cual repartíamos el diario, en situación de peligro, de riesgo, en situación de conflicto en Berisso, en Ensenada, en las huelgas de los frigoríficos, en las huelgas ferroviarias, en las huelgas bancarias, a la noche tomábamos mate, nos enseñaban de política, realmente peleaban codo a codo y encima nos ilustraban sobre cosas que con el correr de los años se fueron convirtiendo en algo cada más fuerte, cada vez más verdadero…”
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