Como todos los años cada 25 de enero recordamos a Nahuel Moreno. Lo hacemos huyendo del culto a la personalidad, de la repetición dogmática de sus posiciones y de la formalidad de las efemérides. En realidad nuestra propuesta es la reivindicación, siempre crítica y vigilante, de todos sus aportes útiles a los desafíos para la izquierda en la actualidad. En este artículo en particular queremos destacar la dedicación de Moreno a construir organizaciones militantes para hacer política revolucionaria en la acción y tomar el poder político.En una charla que Moreno dio para la Juventud Socialista del partido argentino en 1984 decía a propósito de la organización: “En general, el problema de la organización parece algo secundario, que tendemos a menospreciar, que empalidece frente a otras cuestiones, sean “filo
sóficas” —como la dialéctica o la teoría de la alienación—, sean apasionantes discusiones sobre la situación económica o política (…) Sin embargo, la cuestión organizativa es el centro, en cierta medida, de la actividad marxista revolucionaria (…)Hasta tal punto es decisiva la cuestión organizativa que, en contra de lo que muchos creen, no hubo dos sino tres grandes dirigentes de la revolución rusa y del Partido Bolchevique. Junto a Lenin y Trotsky estuvo Sverdlov, el secretario general, el organizador del Partido Bolchevique (…)”. No era casual que Moreno señalara el ejemplo de Sverdlov: su obsesión sostenida durante 40 años de militancia revolucionaria se concentró en la construcción de organizaciones revolucionarias nacionales para la acción y tomar el poder el político, y una internacional que luchara por esa estrategia con proyección mundial. Esta definición general es la clave de lo más importante de su aporte al desafío de romper con el capitalismo y reorganizar la sociedad sobre bases socialistas. El instrumento político-organizativo, la institución fundamental para llevar a cabo esa tarea –el partido revolucionario- es motivo de debate y cuestionamientos en el activismo, en la vanguardia obrera y juvenil que surge, en el movimiento de mujeres y en las luchas socioambientales. Por eso, lo pertinente de encarar esa legítima polémica haciendo nuestro aporte como una vertiente con décadas de experiencia en la izquierda del país y América Latina.
Ni sectarismo, ni oportunismo: organizaciones con política independiente para llegar a las masas
El siglo XX en el que le tocó actuar a Moreno fue complejo y muy contradictorio: dos guerras mundiales, la gran revolución rusa de 1917, el fascismo y la degeneración estalinista del marxismo. Cuando terminó la IIº Guerra Mundial el Partido Comunista de la URSS lejos de debilitarse –como ocurrió con la socialdemocracia reformista en la Iº guerra- se fortaleció una enormidad. Este hecho tuvo impacto sobre la vanguardia obrera, juvenil e intelectual de todo el planeta y marginó a los trotskistas a una posición muy minoritoria en el movimiento de masas. Esto multiplicó las presiones en el movimiento trotskista –además, debilitado por el asesinato de Trotsky en 1940. Un sector para intentar salir de la marginalidad se “mimetizó” con distintas direcciones políticas que estuvieron al frente de luchas progresivas y rifó la independencia política necesaria para actuar como aporte clarificador hacia la vanguardia de esas luchas denunciando las limitaciones de sus dirigentes y proponiendo organizar el partido revolucionario. Así sucedió con la capitulación del POR boliviano a Paz Estenssoro, otras al PC en Europa, o al sandinismo u otra guerrilla. Por ese camino se abortó la construcción de aguerridos partidos militantes. Otro sector del trotskismo optó por una especie de autorrefugio sectario, cerrado a los nuevos fenómenos no previstos por Trotsky y se consumió en pequeñas organizaciones testimoniales sin peso para lograr cambios de fondo. La orientación del morenismo fue otra durante toda su existencia. Construir partidos metidos de lleno en las luchas obreras, juveniles y populares, con independencia políticoorganizativa de todas las direcciones no revolucionarias pero siempre en la búsqueda de confluir con sectores que giraran en sus posiciones programáticas y métodos hacia la izquierda para construir alternativas con mayor peso hacia sectores de masas. Esta opción, mucho más compleja que las variantes oportunistas y sectarias, requiere de 3 garantías para resistir todas las presiones y seguir adelante: la ligazón a las luchas obreras, a la internacional y a la base vía el funcionamiento centralista democrático.
El mejor homenaje
