27 de enero de 2014

NAHUEL MORENO (1924-1987): LA VIGENCIA DE UNA PRIORIDAD: LA CONSTRUCCION DE UN PARTIDO REVOLUCIONARIO

Como todos los años cada 25 de enero recordamos a Nahuel Moreno. Lo hacemos huyendo del culto a la personalidad, de la repetición dogmática de sus posiciones y de la formalidad de las efemérides. En realidad nuestra propuesta es la reivindicación, siempre crítica y vigilante, de todos sus aportes útiles a los desafíos para la izquierda en la actualidad. En este artículo en particular queremos destacar la dedicación de Moreno a construir organizaciones militantes para hacer política revolucionaria en la acción y tomar el poder político.
En una charla que Moreno dio para la Juventud Socialista del partido argentino en 1984 decía a propósito de la organización: “En general, el problema de la organización parece algo secundario, que tendemos a menospreciar, que empalidece frente a otras cuestiones, sean “filo
sóficas” —como la dialéctica o la teoría de la alienación—, sean apasionantes discusiones sobre la situación económica o política (…) Sin embargo, la cuestión organizativa es el centro, en cierta medida, de la actividad marxista revolucionaria (…)Hasta tal punto es decisiva la cuestión organizativa que, en contra de lo que muchos creen, no hubo dos sino tres grandes dirigentes de la revolución rusa y del Partido Bolchevique. Junto a Lenin y Trotsky estuvo Sverdlov, el secretario general, el organizador del Partido Bolchevique (…)”. No era casual que Moreno señalara el ejemplo de Sverdlov: su obsesión sostenida durante 40 años de militancia revolucionaria se concentró en la construcción de organizaciones revolucionarias nacionales para la acción y tomar el poder el político, y una internacional que luchara por esa estrategia con proyección mundial. Esta definición general es la clave de lo más importante de su aporte al desafío de romper con el capitalismo y reorganizar la sociedad sobre bases socialistas. El instrumento político-organizativo, la institución fundamental para llevar a cabo esa tarea –el partido revolucionario- es motivo de debate y cuestionamientos en el activismo, en la vanguardia obrera y juvenil que surge, en el movimiento de mujeres y en las luchas socioambientales. Por eso, lo pertinente de encarar esa legítima polémica haciendo nuestro aporte como una vertiente con décadas de experiencia en la izquierda del país y América Latina.

Ni sectarismo, ni oportunismo: organizaciones con política independiente para llegar a las masas

El siglo XX en el que le tocó actuar a Moreno fue complejo y muy contradictorio: dos guerras mundiales, la gran revolución rusa de 1917, el fascismo y la degeneración estalinista del marxismo. Cuando terminó la IIº Guerra Mundial el Partido Comunista de la URSS lejos de debilitarse –como ocurrió con la socialdemocracia reformista en la Iº guerra- se fortaleció una enormidad. Este hecho tuvo impacto sobre la vanguardia obrera, juvenil e intelectual de todo el planeta y marginó a los trotskistas a una posición muy minoritoria en el movimiento de masas. Esto multiplicó las presiones en el movimiento trotskista –además, debilitado por el asesinato de Trotsky en 1940. Un sector para intentar salir de la marginalidad se “mimetizó” con distintas direcciones políticas que estuvieron al frente de luchas progresivas y rifó la independencia política necesaria para actuar como aporte clarificador hacia la vanguardia de esas luchas denunciando las limitaciones de sus dirigentes y proponiendo organizar el partido revolucionario. Así sucedió con la capitulación del POR boliviano a Paz Estenssoro, otras al PC en Europa, o al sandinismo u otra guerrilla. Por ese camino se abortó la construcción de aguerridos partidos militantes. Otro sector del trotskismo optó por una especie de autorrefugio sectario, cerrado a los nuevos fenómenos no previstos por Trotsky y se consumió en pequeñas organizaciones testimoniales sin peso para lograr cambios de fondo. La orientación del morenismo fue otra durante toda su existencia. Construir partidos metidos de lleno en las luchas obreras, juveniles y populares, con independencia políticoorganizativa de todas las direcciones no revolucionarias pero siempre en la búsqueda de confluir con sectores que giraran en sus posiciones programáticas y métodos hacia la izquierda para construir alternativas con mayor peso hacia sectores de masas. Esta opción, mucho más compleja que las variantes oportunistas y sectarias, requiere de 3 garantías para resistir todas las presiones y seguir adelante: la ligazón a las luchas obreras, a la internacional y a la base vía el funcionamiento centralista democrático.

El mejor homenaje

26 de enero de 2014

ESTE MODELO NO VA MAS, HAY OTRA SALIDA

El 2014 comenzó con un verano caliente. No solamente por las agobiantes temperaturas, sino por la bronca popular ante la inflación, los cortes de luz y otros problemas derivados del fracaso del modelo K. Con el poder en baja y Cristina oculta en la trastienda, los K hacen los deberes decargando un creciente ajuste. Massa, Binner, Macri, pejotistas y progresistas – radicales, así como los viejos dirigentes sindicales, critican pero terminan avalando. Ninguno quiere «hacer olas» comprometiendo la gobernabilidad. Y ninguno tiene una salida distinta a las recetas capitalistas. Desde el MST-Nueva Izquierda proponemos medidas de emergencia, una salida obrera y popular a la crisis.
Mientras en Capital, Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario y otras ciudades siguen castigando con los cortes de luz y agua, ni el gobierno ni la oposición hacen nada. Las diatribas de Capitanich contra las empresas, son solamente pirotecnia para las conferencias de prensa. No sólo no se reestatizó nada, sino que tampoco hay un programa que apunte a embargarles por lo que no invirtieron y/o para que devuelvan los subsidios que se robaron porque el gobierno las dejó correr sin control. La postal de protestas barriales y piquetes cargados de bronca, es solamente el telón de fondo para un país castigado por la crisis del modelo capitalista estilo K que está naufragando.
Junto a la crisis energética, la inflación, los recortes presupuestarios sociales y el parate industrial, son los principales expresiones de que la crisis nos la quieren hacer pagar a nosotros.
Suben aceleradamente los alimentos, los combustibles, hubo un boletazo de transporte (que lleva acumulado un 130% de aumento en un año) y los salarios, jubilaciones y planes sociales se han transformado en las principales variables de ajuste. En sólo 100 días perdieron el 20% del poder adquisitivo.
La crisis es un hecho. Es que la plata de la famosa «década ganada » no se aprovechó para resolver los problemas estructurales del país. Los K mantuvieron el mismo modelo de servicios privatizados y pago de la deuda externa que en los ‘90 y ahora que la crisis capitalista internacional ha ingresado en el país, se demuestra que los problemas estructurales no fueron soluciona-dos y vuelven a castigar a los de abajo.
La «oposición» tampoco tiene una salida alternativa
Frente a la crisis acelerada del gobierno, con Cristina borrada y un desgaste demasiado precoz de Capitanich, los personajes de la oposición han salido muy cuidadosamente a capitalizar ese clima y a hacer algunas propuestas, pero nadie quiere echar leña al fuego. Todos sostienen la gobernabiliad, pero asimismo, aunque barnicen como novedosas algunas de sus propuestas, ninguno tiene una salida verdaderamente alternativa, son parte de la vieja política y defensores de un modelo capitalista más normal.
Mientras el gobierno finge «cuidar» los precios y Binner no dice nada, fue Massa quien planteó «cinco medidas» para supuestamente combatir la inflación. El tema es que son medidas para estimular a los sectores industria-les y no a los trabajadores. Plantea un ajuste automático del impuesto a las ganancias sobre los salarios pero no anular ese gravamen ultra-regresivo; plantea eliminar las retenciones para el campo y no segmentarlas para favorecer a los grandes terratenienbtes y pooles entre otras medidas de «estímulo» para la actividad privada; financiando todo con «créditos internacionales». Por eso está muy de acuerdo en que se recompongan relaciones con el Club de París para «volver a los mercados».
Asimismo se lanzo con medidas efectistas proponiendo la suspensión de los despidos por 180 días, claro que sobre la base de que el estado sostenga con grandes sumas a los empresarios pagando los salarios mediante «repros». Siempre medidas se subsidio a los empresarios.
Que la crisis la paguen los de arriba
Desde el MST Nueva izquierda, creemos que hay otra salida a la crisis. Para lo cual hay que tomar medidas de emergencia que decididamente vuelquen los recursos a satisfacer las necesidades más urgentes de los trabajadores y los sectores populares castigados por la crisis. Plata hay. Para ello hay que evitar que ese dinero siga engordando los bolsillos de los grandes empresarios, banqueros y terratenientes y las arcas de los usureros externos. Junto a la pelea por el salario y las condiciones de trabajo, por la vuelta de la luz y los problemas del barrio, tenemos que encarar la lucha por un nuevo modelo económico, un plan alternativo obrero y popular al servicio del cual hacemos nuestras propuestas.

Para que la crisis la paguen los de arriba y no los trabajadores y el pueblo
Plan de emergencia obrero y popular

Plata ya para los trabajadores y el pueblo. Aumento general de salarios, jubilaciones, pensiones y planes sociales acorde al valor de la canasta familiar con reajuste automático trimestral, de acuerdo al costo de vida real. Salario mínimo de 9.000 pesos y paritarias sin techo. La plata de la ANSES no puede utilizarse para otros fines que no sean garantizar una jubilación con el 82% móvil, con un sistema estatal único, controlado por trabajadores y jubilados.
Prohibición por ley de despidos y suspensiones. Si aun así las patronales despiden hay que expropiar la empresa sin indemnización, nacionalizarla y mantener la producción bajo control obrero. Apertura de los libros de toda empresa que aduzca pérdidas. Abolición del secreto comercial y bancario. Garantizar el reparto de las horas de trabajo y reducción de la jornada laboral a 6 horas sin disminución de salario.
Basta de inflación. Control estricto de precios por las organizaciones populares sobre los grandes formadores de precios con sanciones ejemplares para los empresarios que los aumenten y aplicación de la Ley de Abastecimiento. Eliminación del IVA de los productos de consumo popular.
Inmediata puesta en marcha de un plan de emergencia para responder a la crisis energética. Ejecución de las obras hidráulicas y de infraestructura energética pendientes. Reestatización de las empresas de energía, del petróleo y el gas con control social.
Ni un solo dólar al exterior, al Club de París y los bonistas. No al pago de de la deuda externa ilegítima y fraudulenta. No pago de las deudas públicas provinciales fraudulentas. Aumento de emergencia de los presupuestos de salud, educación y desarrollo social acorde a las necesidades populares. Nacionalizar la banca, el comercio exterior y reestatizar las empresas privatizadas de servicios y transporte, bajo control social. Créditos blandos para los pequeños productores.
Que paguen más los que más tienen; reforma tributaria progresiva. Anulación de los impuestos al consumo popular y al salario. Gravar fuertemente el juego, la renta financiera y minera y a los grandes capitalistas de la ciudad y el campo. Retenciones agrarias segmentadas, regionalizadas y coparticipables.

Guillermo Pacagnini

25 de enero de 2014

IZQUIERDA: EL DESAFIO DE SER GOBIERNO

Y la presidenta se tuvo que volver de El Calafate a Olivos, nomás. Cuando ya nadie duda que la crisis ha llegado para quedarse, como ocurre hoy en nuestro país, no hay piloto automático que valga. Menos aún si un alto funcionario anuncia una medida y al poco rato otro alto funcionario la desmiente. Sin embargo, y más allá de las contradicciones que seguirán, el gobierno nacional ha elegido un rumbo a seguir. Sea una transición al 2015 como kirchnerismo reciclado o sea el fin de ciclo definitivo, todo indica que la decisión del oficialismo nacional es enfilar hacia la derecha, tanto en el plano económico como en el político.
El flamante “acuerdo de precios” es apenas el celofán de color para envolver una inflación creciente, que viene arrasando con el poder adquisitivo de los salarios, las jubilaciones y los planes sociales.
La puedan imponer o no, la política de techos salariales, ajustes presupuestarios, recomposición con los organismos internacionales y pago de la deuda externa ilegítima no es precisamente progresista. A su vez, el ascenso de un ex represor como Milani al mando del Ejército aparece como una amenazadora respuesta al seguro incremento de la conflictividad social que se avecina.
Por el lado de la oposición política capitalista, no hay demasiadas sorpresas en el horizonte. Las fuerzas de la llamada centroizquierda, con Binner, Carrió, UNEN y la UCR, hilvanan trabajosamente un armado presidencial. Por la derecha, Massa y bastante más atrás Macri siguen procurando darle entidad nacional a sus propias construcciones. No obstante, ninguna de esas dos alas simétricas y complementarias tiene algún plan económico distinto para ofrecer. Es que ante la crisis capitalista, no tienen diferencias sustantivas con el modelo del gobierno nacional.
Pero el problema es bastante más profundo que la ausencia circunstancial de una alternativa que garantice la gobernabilidad del sistema. El régimen político argentino, sacudido de raíz en aquel diciembre de 2001 y luego emparchado, nunca se recompuso del todo. El reciente e inédito conflicto policial, que además rompió el tope salarial pretendido por el gobierno para las paritarias generales, es una clara expresión de esa crisis global del régimen.
De alguna manera, en estos años de bonanza económica el gobierno K pudo “congelar” el proceso de lucha por cambios de fondo. Pero como la famosa “década ganada” no se aprovechó para resolver los problemas estructurales, éstos resurgen a diario. Por eso al calor de la crisis habrá nuevos cambios bruscos y se acercará la hipótesis de un nuevo Argentinazo -o una rebelión popular similarque replantee la cuestión del poder político.
A las corrientes de izquierda, entonces, la realidad nos pone ante grandes desafíos. En primer lugar, la unidad de acción para fortalecer las luchas sociales cotidianas. Pero a partir de los buenos resultados electorales de octubre pasado, se abre otra posibilidad superior: la de ser alternativa de gobierno.
Este es un hecho nuevo, que permitiría abrir un rumbo antiimperialista y anticapitalista en el país. Para responder a ese reto sería clave lograr la unidad política del conjunto de la izquierda, sin autobombos ni sectarismos.
Por eso proponemos una nueva izquierda; una renovación programática y metodológica. Y como todas las fuerzas del sistema ya se preparan de cara al 2015, desde el MST llamamos a toda la izquierda política y social a formar un frente amplio en base a un programa por cambios de fondo y a dirimir la fórmula presidencial y todas las candidaturas en una gran interna. A esa perspectiva apostamos.

Alejandro Bodart, diputado porteño (MST-Nueva Izquierda)