Retroceso K y nulo recambio
Si bien la cuestión ha tenido muchas idas y vueltas, en los últimos días se viene colando con más insistencia. Hasta el momento no se puede saber con qué grado de prioridad va a tomar el poder oficial esta pelea. Incluso podría decirse que ha sido la ‘oposición’ la que ha salido con más énfasis a referirse al tema. Pero al entrar en detalle, el debate sobre la re-reelección de Cristina y la posible reforma constitucional permite ver con bastante claridad el estado de situación general que presenta el mapa político nacional. Y, en consecuencia, las tareas que tenemos por delante quienes queremos un cambio rotundo en el país.
Con campaña por la re-re o sin ella, lo primero que se confirma es que el discurso que ubicaba al kirchnerismo como nuevo movimiento histórico queda desmentido –además que por la realidad- por su propia conducción. Después de casi una década en el poder, el proyecto oficial está cada día más reducido a un pequeño grupo que decide todo. El grueso de la estructura que los llevó hasta aquí se va desmembrando a medida que la caja se achica y las internas se vuelven más impiadosas. Los aliados de ayer son opositores de hoy, los nuevos aliados nunca se animan a poner lo que hay que poner. El caso de la CGT sirve como muestra. Agreguemos las medidas antipopulares para sostener un modelo agotado en medio del apremio creciente de la crisis internacional y la perspectiva oficial empeora.
No es el poder sin límites lo que motiva buscar re-reelegirla, sino lo contrario: si no es Cristina, lo que queda es poco y nada.
La ‘oposición’ de los Macri, la UCR, etc., huérfana de agenda y virtudes para exponer, nos habla de un gobierno todopoderoso, que se lleva puesta la nación. Inventa esa realidad buscando canalizar el creciente cuestionamiento a la rosada para llevar un poco de agua a sus desvencijados molinos. Aunque al hacerlo vuelve a mostrar los dos lados de su debilidad estructural. De arranque, que no pueden ofrecer ningún referente sólido como recambio y que no capitalizan el descontento existente. Incluso más: son millones los que, correctamente, también los hacen cargo de los problemas que vivimos. Pero también, cuando se lanzan a hablar de defender la constitución (esta misma que dejó el Pacto de Olivos y entregó los recursos naturales, entre otras cosas), la propiedad privada, etc., ratifican que sus salidas no son otra cosa que volver al pasado. A ese pasado que mandamos al basurero de la historia en diciembre de 2001.
Es necesario hacer un alto y recoger el guante lanzado por el kirchnerismo.
Pero para responder con una posición auténticamente emancipadora. Si hay que reformar la constitución tiene que ser para prohibir la entrega de los recursos naturales, la megaminería, la concentración de la tierra; para nacionalizar la banca y el comercio exterior; para modificar el sistema impositivo y hacer pagar más a los banqueros, terratenientes y capitalistas; para romper los pactos internacionales que atan el país a las potencias imperialistas. Habría que modificarla para que los jueces y comisarios sean elegidos por el voto del pueblo; para que se puedan revocar los mandatos de los funcionarios (sean del poder que sean) que no cumplen con sus tareas y/o se corrompen; para implementar mecanismos como las consultas populares vinculantes para que millones decidan efectivamente sobre cuestiones centrales para el país. Esa es la reforma constitucional que hace falta. Una que apunte a la segunda y definitiva independencia, no una nueva estafa para favorecer al poder de turno.
Así, en este debate como en todos los que venimos presenciando, vuelve a colocarse la pregunta obligada: ¿pero con quién hacemos esto que tanto necesitamos? Se la formulan en todas partes quienes se movilizan y organizan contra ajustes, despidos, por salario o condiciones de trabajo. Está en la cabeza de millones de trabajadores, en los barrios humildes, en los jubilados, en la juventud. Hay que hacer una alternativa, no hay otra salida.
Para pelear por los cambios que hacen falta y para mantener las conquistas logradas con la lucha, además de seguir organizados y movilizados, necesitamos poner en pie una fuerza que pueda unir a todos los que peleamos por un modelo de país para los de abajo. Y la realidad nos alienta a hacerlo con más fuerza. El pasado fin de semana las encuestas arrojaron dos datos contundentes: La imagen de Cristina sigue cuesta abajo y ya son más los pulgares abajo que los apoyos. Pero allí también se observa que los ‘opositores’ como Scioli, Macri, De la Sota, también vienen retrocediendo en la valoración colectiva. Lo que si mejora es el espacio político para hacer una herramienta potente, que pueda disputar con los gobiernos. La figura de Pino Solanas y las propuestas que dieron sustento al Movimiento Proyecto Sur son un punto de partida para salir a dar batalla. Desde el MST apostamos por esta perspectiva y una mayor unidad para fortificarla. Invitamos a todos y todas a organizarse con nosotros para hacerlo juntos.
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