29 de mayo de 2008

SEGURIDAD SI, MANO DURA NO


Hoy, mientras en todo el país se sigue discutiendo la crisis agropecuaria no podemos dejar de lado el grave problema de inseguridad que afecta a todo el país y que merece tener el debate que se merece, serio, con propuestas de fondo y poniéndose los pantalones largos y buscarle soluciones políticas al problema, analizando las causas y actuando sobre ellas.


Desde aquí mostramos nuestra visión sobre la inseguridad, pero también proponemos medidas para acabar con ellas. Lamentablemente la demagogia de nuestros gobernantes hace que durante las campañas electorales se prometan soluciones mágicas y a corto plazo como la mano dura en el caso de los ubicados más a la derecha o aumentar la cantidad de efectivos o móviles policiales. Rufino no ha sido la excepción a todo esto y en las últimas semanas gran parte de la población vive con preocupación los hechos que han estado ocurriendo y que seguramente mientras redactamos esto, pueden estar sucediendo.
Las medidas propuestas en parte se pueden llevar a cabo desde aquí, pero algunas dependen de la voluntad política nacional y provincial porque son reformas mucho más profundas.
La inseguridad crece a la par del aumento de la desigualdad social y la marginalidad, golpeando con más dureza a los más pobres. A su vez, en muchos lugares de nuestro país se forman círculos de impunidad entre quienes deberían resolver el problema, para el cual “mano dura” no sirve. Hace meses atrás, en Tres Arroyos, a partir de la ola de asaltos y el crimen de una dermatóloga, los vecinos hicieron una asamblea masiva, exigen la renuncia de funcionarios y decidieron armarse para defenderse. En el camino de lograr medidas de fondo, eligieron el camino de la autodefensa.

Los trabajadores y los más humildes son las principales víctimas del delito, sufren robos en sus calles, casas y comercios. Cualquiera puede ser asaltado, a riesgo de perder dinero, electrodomésticos o su auto, conseguidos con esfuerzo. Nadie está excento de resultar herido o muerto. El flagelo se instaló en la vida de las familias trabajadoras y populares. No tiene horario ni distingue edades: los jóvenes y los abuelos están expuestos, o los que llegan de noche, la casa no se puede dejar sola y, aún con gente, puede ser asaltada con todo tipo de artimañas.
El robo, muchas veces realizado por marginales, se acompaña de crecientes cuotas de violencia hacia quien esboza alguna clase de resistencia o no tiene nada de valor encima. Esa violencia a menudo se debe a la droga, flagelo que en nuestro país va igualmente en aumento.


«Soluciones»… que no sirven
La inseguridad, y la desidia de las autoridades ante ella, generan impotencia y bronca. Sobre esa base, en su momento Blumberg ganó peso como el abanderado de la “mano dura”. Y los gobernantes, en vez de resolver las causas de fondo, aprovechan para avanzar en medidas represivas.


Las causas de la inseguridad
Siempre, y en todos lados, hubo amigos de lo ajeno. Pero el problema de la inseguridad ya se transformó en un drama social por dos causas: la injusta distribución de la riqueza y la impunidad.
La desigualdad económica y social genera exclusión y marginalidad. Todas las estadísticas internacionales confirman que el delito crece cuanto más injusta es la distribución de la riqueza. O sea, cuando sube la brecha social entre pobres y ricos, como pasa en Argentina. En el caso de los jóvenes, la falta de perspectiva es caldo de cultivo para caer en conductas delictivas. Porque nadie nace ladrón ni violento: se hace.

Por eso el penalista catalán Mir Puig señala: «Que vean al menor como una víctima también, porque lo es. A ese niño o adolescente es necesario tratarlo, educarlo y ver qué problemática lo ha llevado a actuar de ese modo…”
La otra causa estructural es la impunidad, que viene desde el poder político. En Argentina todo vale. Si genocidas que torturaron, asesinaron y robaron bebés aún siguen impunes, se habilita a hacer cualquier cosa. Si los gobernantes y grandes empresarios roban, estafan, fugan capitales, evaden impuestos, contrabandean autos y demás delitos, no hay escala de valores que valga.
En cada barrio de la Argentina los vecinos saben quién vende o trafica droga, dónde hay «cocinas» o desarmaderos, quién levanta juego clandestino, es cafishio o chorro. Pero si muchas veces no lo denuncian es porque saben que a esos delincuentes son amparados de alguna manera. Es sobre eso que debe incidir la participación popular, para quebrarlo.

Nadie que sale a robar mira antes el Código Penal a ver a qué se expone: más bien busca qué comisario le va a liberar la zona, qué juez lo va a perdonar o qué político lo va a proteger o hasta cómo hacen negocios juntos. Ese poder político, además, suele utilizar a los marginales y barrabravas como matones a su servicio, incluso para atacar luchas de los trabajadores.
Frente a las falsas «soluciones» del gobierno y la derecha, nosotros desde la izquierda proponemos una serie de medidas alternativas concretas, tanto inmediatas como estratégicas, para reducir el nivel de delitos y poder vivir más seguros.


Nuestras propuestas
1. La autodefensa de los barrios. Los vecinos se organizan en asamblea, hacen rondas de vigilancia con sus autos, establecieron sistemas de aviso mutuo y están armados para autodefenderse. Es un derecho que debe ser reconocido. Asimismo hay marchas y otras acciones. Toda esta organización no debe ser desviada a una guerra de pobres contra pobres, ni a que las autoridades la utilicen para meter medidas represivas. Los gobernadores, intendentes, fiscales, jueces y fuerzas de seguridad deben poner sus recursos a disposición de las decisiones democráticas de los vecinos, y no al revés.
2. Trabajo para todos. Sin trabajo no hay dignidad social. Un plan de obra pública que genere empleo e incluya construir viviendas populares, iluminar y asfaltar las calles de los barrios más humildes, sería un arma útil contra la exclusión social y la inseguridad. Como complemento debe existir una red de asistencia social efectiva para los desocupados, con subsidios dignos y becas escolares. En cuanto a las víctimas, el Estado debe hacerse cargo de su atención médica y psicológica, así como resarcir las pérdidas materiales.
3. Reforma total de la policía. Los comisarios deben ser electos por el voto de los vecinos y ser revocables si no cumplen. Su currículum, así como los programas de formación policial, deben ser aprobados y controlados por los organismos de derechos humanos.
Las policías Federal y provinciales hoy están diseñadas para garantizar la explotación capitalista y reprimir las luchas sociales. Como parte de desmantelar el aparato represivo, entre otras medidas hay que separar y enjuiciar a todas sus cúpulas vinculadas a la corrupción o a la represión de ayer y de hoy. Los agentes policiales deben tener derecho a agremiarse, para pelear por sus condiciones de trabajo y poder negarse a recaudar para los comisarios.
4. Una justicia al servicio del pueblo. La justicia hoy castiga duramente a los ladrones de gallinas, mientras protege a los poderosos y altos funcionarios. La única forma de tener un sistema judicial realmente independiente, que no dependa del poder político como ahora, es que los jueces sean elegidos por los ciudadanos mediante el voto. También es necesario establecer los juicios por jurados populares, con vecinos sorteados, que es una metodología mucho más justa y rápida.
El sistema penitenciario actual es violento y abusivo. Hace falta una reforma integral para que deje de ser una universidad del delito y tenga como objetivo la recuperación y la reinserción social.
5. Basta de vieja política y corrupción. Los partidos patronales se llenan la boca hablando de la inseguridad. Hay que desmantelar su andamiaje de patotas y sirvientes del trabajo sucio, ligados a la delincuencia marginal. Esto debe ser parte de una reforma política de fondo para establecer la revocabilidad de los cargos, la anulación de lemas y colectoras, la elección de los jueces por voto universal, la rebaja de las dietas a un salario promedio, castigos ejemplares a los funcionarios corruptos y el control popular directo sobre las gestiones y presupuestos, entre otras medidas democráticas.

Estas medidas podrían ser aplicadas desde ya mismo. Pero no creemos que el de Cristina ni algún otro gobierno vaya a llevarlas adelante. En esa perspectiva, lo posible y necesario hoy es luchar para imponerlas.


26 de mayo de 2008

Por un Tren Para Todos.




Desde Rufino no podemos permanecer ajenos a esta iniciativa a nivel nacional, por eso ya está circulando el petitorio impreso por distintos puntos de la ciudad y comercios. Es clave instalar este tema en cada lugar y generar diversas iniciativas más allá de las firmas, para informar sobre este proyecto.


El Tren Para Todos


*Desarrollaría una velocidad de 120 km por hora (tres veces el promedio de velocidad actual).* Una inversión de 3.100 millones de dólares. Casi 1.900 millones de dólares menos que para el tren bala. (*)* Proyectando 18.000 km de vías reconstruídas a nuevo: 7.000 km de vías para trenes de pasajeros y de carga y 11.000 más sólo para trenes de carga. Unas 300 locomotoras, 900 coches de pasajeros y 15.000 vagones para carga.* Los pasajes costarían varias veces menos de lo que cuesta actualmente un pasaje en micro.* Llegaría a todas las zonas del país (Noroeste, Noreste, Cuyo, Centro y Patagonia), a todas las grandes ciudades, y a cientos de pueblos que volverían a conectarse con las grandes ciudades, bajando costos de transporte y reactivando las economías regionales.* El "tren de todos", utilizaría tecnología nacional y del Mercosur al alcance de las capacidades de nuestro país.* El proyecto reimpulsa la industria ferroviaria nacional con la construcción de vagones, el ensamble de locomotoras y la producción de repuestos, generando trabajo.* El Banco Central tiene reservas por 50.000 millones de dólares, es decir que se puede hacer sin aumentar ni un centavo la deuda externa.


Proyecto Sur, tiene estudiado el proceso de recuperación de los cinco principales ramales ferroviarios para cargas y pasajeros, que totalizan unos 7.000 Km. de vías férreas de corredores troncales y acondicionar otros 11.000 para que nos permita tener unidas nuestras principales economías regionales. Con los millones de litros de combustibles no dilapidados, la dinámica generada en nuestras economías regionales y sus consecuentes aportes tributarios, los ahorros provenientes del menor costo de las tarifas de fletes, de los seguros de vida con la reducción de la siniestralidad vial, de los costos de reparación de rutas, autopistas y calles urbanas rotas por pesadas unidades de transporte automotor, se pueden recuperar miles de kilómetros de servicios ferroviarios de primer nivel. Hablar de primer nivel es disponer de coches de pasajeros cómodos, confortables y que a velocidades de 120/130 km. por hora, satisfagan las necesidades de la población con mucho menos costo de pasaje que el de un propuesto “tren bala” de indefinidos montos de inversiones. El mercado inicial, contempla la recuperación de la demanda de los niveles de 1989 estimado en unos 12 millones de pasajeros viaje a distancias medias de alrededor de 500 Km., esto daría un transporte mínimo de 6.000 millones de pasajeros kilómetro por año, siendo estos niveles fácilmente superables por cuanto se mide ese año en el que se desalentaba el uso del ferrocarril y no sería aventurado predecir un futuro del doble de esa estimación. Este transporte obliga a despachar 23.791 trenes de 10 coches de pasajeros y 380.952 ómnibus por año, que concentrados en 220 días y 12 horas diarias representan un despacho de 142 ómnibus por hora a las rutas del país. Imaginemos ese flujo potenciado en los tiempos de vacaciones y en las rutas con destinos turísticos, avalando lo que decimos de la reducción de la siniestralidad a partir del transporte ferroviario. Un tren de pasajeros con 10 coches, 3 furgones y una locomotora de 1300 HP con capacidad para transportar 512 personas, demandaría un equivalente a 16 ómnibus, con motores de 260 HP para igual cometido de transporte aplicando 3,2 veces más de potencia, por lógica con mayor consumo de combustibles. Más potencia es más consumo, más consumo es más combustibles líquidos, más polución ambiental y muchas mas vidas perdidas.


RED BASICA (7.000 Km.) (Velocidades entre 90 y 120 Km) pasajeros1) Tucumán-Córdoba-Rosario-Buenos Aires2) Viedma-Bahía Blanca-Olavarría-Bs As-Mar del Plata-Bs As3) Mendoza-Buenos Aires4) Pocitos-J.V.Gonzalez-Avia Terai-Resistencia-Tostado-Sta. Fe5) Posadas- Buenos AiresLa red básica se estima realizarla con rieles soldados, 2 (dos) pasos a nivel por ciudad más los que las municipalidades o comunas deseen, operen y financien RED AFLUENTE (11.000 Km)Líneas y ramales de conexión Mercado de cargas estimado a datos del año 2006 en millones de Tn 225Demanda estimada del plan de Proyecto Sur y al solo efecto de ejemplo: 32 millones de Tn Inversión infraestructura red básica imputada a cargas… U$S 720 millonesInversión ramales de afluentes........... U$S 546 millonesEstamos entonces con una red mejorada de 18.000 Km.- para la que se invertiría la suma de U$S 1.246 millones Reponiendo las conexiones entre nuestras economías regionales, rompiendo el aislamiento de nuestros pueblos del interior y generando una demanda de puestos de trabajo que permitirá el retorno de muchos conciudadanos que migraron a las grandes ciudades por falta de oportunidades dejando sus raíces, tradiciones, familias y culturas. Sobre la red básica podrán circular trenes con cargas perecederas y semiperecederas a velocidades de entre 60 y 90 Km/hora según trochas Recordemos que un tren con 36 vagones de 42 Tn. equivale a 1500 toneladas transportadas, para las que estamos usando hoy 50 camiones de 30 Tn. rompiendo rutas, autopistas y calles urbanas que los intendentes y presidentes de comunas deben afrontar con sus magros presupuestos.


Que quede claro esto: Un tren necesita 2 maquinistas, un camión 2 conductores y si un tren suple 50 camiones, es decir 100 conductores, qué medio hace el mejor uso de estos recursos? Proyecto Sur no quiere la desocupación de los camioneros, quiere que el camión se use para corta y media distancia y le permita a los conductores o camioneros propietarios de sus unidades una jornada laboral de no más de ocho horas, el retorno a sus hogares y el descanso y disfrute de sus descansos, su recreación normal y una vida en familia. Esa sería la dignidad a la que aspiran y por la que sus gremios deberían luchar para hacer realidad la tantas veces prometida JUSTICIA SOCIAL.


(*) El costo del TREN BALA será en realidad de aproximadamente 14.000 millones de dolares, si consideramos el endeudamiento a 30 años. El estudio de costos del TREN para TODOS fue hecho a valores del año 2005. Para mayores presiciones recomendamos leer el libro: "La República que ¿Perdió? el tren. Análisis y proyecto para refundar los ferrocarriles en la Argentina. Autor: Jorge R. Contestí"